La Biblia dice en Miqueas 7: 6

“Porque los hijos tratan con desprecio a los padres, las hijas se rebelan contra las madres, las nueras contra las suegras y los enemigos de cada cual son sus propios parientes.”

El profeta Miqueas fue un modesto campesino de Israel que profetizó unos setecientos años antes de Cristo a la par del profeta Isaías. El vidente de Dios centró su mensaje en la condición social del pueblo: los ricos hacían lo que se les antojaba por el poder económico que tenían, los jueces eran sobornables y la autoridad era corrupta a más no poder.

La vida pública de Israel estaba moralmente deshecha. Se vivía una completa desvalorización de los estándares que Dios estableció para su nación, lo que convertía a sus habitantes en hombres y mujeres que vivían a espaldas de Dios tratando de sacar ventaja siempre sobre su prójimo.

Sin embargo, Miqueas apunta al gravísimo mal que se presentaba entre los israelitas al enfocarse o señalar la vida familiar de ellos. Había una terrible actitud de desprecio de los hijos a sus padres y rebeldía de las hijas a las madres y por si el escenario hogareño no estuviera completo, suegras y nueras luchaban frontalmente.

De esa forma, el profeta descubre el mal que corroía a Israel. La vida en familia había fracasado. El mandamiento de honrar a los padres era letra muerta para ellos. Habían convertido la vida familiar en un infierno. Habían convertido las relaciones familiares en una guerra de poder.

Los hogares judíos habían renunciado a la calma, bonanza y tranquilidad y se dedicaban a vivir en permanente conflicto, lo que habría de llevarlos a la ruina porque la familia ha sido desde siempre la formadora y orientadora de los ciudadanos de cualquier sociedad, y si se descuida o se atenta contra ella tarde o temprano aparecerán males.

La relación entre padres e hijos define clara e inevitablemente lo que habrá de ser una sociedad. Relaciones sanas producen hijos sanos, pero relaciones extraviadas producen hombres y mujeres sin brújula moral y si a ello agregamos que la extensión familiar que se da con yernos y nueras se vicia, el resultado es todavía más fatal.

El profeta Miqueas nos recuerda la relevancia que tiene la familia para todos. Es más que un grupo de personas viviendo en un hogar o una casa. Es un núcleo social que si se atiende y procura producirá grandes beneficios a sus integrantes y a la sociedad en general, pero si se descuida habrá de producir tales calamidades que nos llenarán de espanto.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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