La Biblia dice en Salmos 37: 37

“Fíjate en el hombre honrado y sin tacha: el futuro de ese hombre es la paz.”

Definitivamente los seres humanos construimos nuestra paz o edificamos nuestra intranquilidad. La paz es el resultado de nuestras acciones. La Escritura habla de ella profusamente porque constituye el bien por excelencia para bien vivir en este mundo y al carecer de ella la existencia humana se torna insoportable. 

David conoció de cerca los efectos de la angustia, la desesperación, la ansiedad y por eso valoró la paz como se estima el más preciado de los tesoros porque cuando se aleja de nosotros la tranquilidad y la calma somos presa de toda clase de pensamientos que nos ahogan y perturban. 

Al final de sus días que es cuando escribe este Salmo, David se da cuenta que la integridad produce paz. Conducirnos de la misma manera tanto en público como en privado, pero particularmente llevar un estilo de vida en lo íntimo de acuerdo a los preceptos de Dios siempre tendrá como consecuencia una vida en paz. 

Comprendemos, entonces, que somos nosotros los que construimos nuestra propia tranquilidad sobre todo si nos conducimos conforme a los estándares de rectitud, honradez e integridad delante del Señor porque sabemos que al vivir de esa manera nuestra conciencia no nos acusará de nada. 

El rey David vivió setenta años y a lo largo de ellos vio tantas historias y conoció la vida de muchas personas que llegó a la conclusión que una vida ajustada a la probidad da como resultado una vida sin remordimientos, sin pendientes y sin ninguna clase de reproches lo que resulta en una existencia tranquila. 

Por eso nos manda a modelar nuestra vida con esa clase de personas que viven en integridad. Debemos no solo seguir su ejemplo, sino apreciarlas porque son la expresión palpable de que contra lo que muchos piensan la honradez paga y paga con excedentes porque nos da el bien más preciado que hay en este mundo: la paz.

Ningún dinero del mundo puede comprar la calma y tranquilidad que necesita nuestra alma para reposar y sobre todo para dormir y despertar como el propio David escribió: En paz me acostaré y asimismo dormiré porque solo tú me haces vivir confiado. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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