La Biblia dice en 1ª Juan 2:17

“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Una de las palabras favoritas del apóstol Juan, además del amor, es el mundo. El vocablo procede del griego “kosmos” y tiene varios significados en la Escrirtura neotestamentaria: puede significar el planeta tierra como cuando dice en Juan 3: 16 porque de tal manera amó al mundo, pero también puede entenderse como un sistema u orden prevaleciente.

Y una de las manifestaciones de valores, prioridades y creencias del mundo es su hostilidad a Dios porque en el mundo todo se rige por los deseos. Lo que agrada a los ojos, al cuerpo, al orgullo son lo que predomina y todo ello por lo general se opone a Dios y produce un choque en la vida del creyente que lucha contra esa tabla de convicciones equivocadas.

En su primera carta Juan hace un contraste entre lo que representa el mundo y la gran diferencia entre quienes han decidido enfrentarlo y derrotarlo. El mundo es pasajero junto con sus deseos. Eso es fácil de entender: lo que hoy es imprescindible para la existencia de esta generación en unos años más no tendrá ninguna clase de atractivo.

Así fue con la anterior generación o quienes nos antecedieron hace apenas unos cuantos años y que vivieron la era analógica donde contar con un toca discos o toca cintas era de vida o muerte y hoy en día forma parte de museos de la tecnología porque la humanidad ha dado un paso hacía la digitalización.

En ese sentido el mundo es engañoso porque crea o establece necesidades o deseos que luego desecha y muchas veces el creyente se deja arrastrar por esos efímeros placeres que resultan absolutamente pasajeros, pero que parecen irresisitibles e imposible de vivir sin ellos o distante de su realización.

En contra sentido, el que hace la voluntad del Señor, dice Juan, permanece para siempre, es decir, la obediencia al Señor hace que el hijo de Dios se sobreponga a los deseos pasajeros que ofrece el mundo. Lo que Juan hace es un contraste entre lo vano y ordinario frente a lo eterno y extraordinario.

El mundo y sus deseos engañosos son de corta duración. La voluntad del Señor es eterna. Y entre ambas debemos escoger. Si eligimos el mundo seremos igual de efímeros, pero si escogemos los mandamientos del Señor estaremos, entonces, eligiendo bienes eternos que nunca acabarán.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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