La Biblia dice en Génesis 3:15

“Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.”

Inmediatamente después del pecado de Adán y Eva –nuestros primeros padres–, Dios echó a andar su plan de salvación y anunció un grande conflicto entre la mujer y su descendencia contra el maligno representado en la serpiente antigua de la que mucho nos habla Juan en su libro de la Revelación o Apocalipsis.

Ese conflicto lo plantea claramente Mateo cuando Herodes comienza su demencial persecución contra Jesús siendo aún muy pequeño el Salvador del mundo, pero así estaba escrito y así fue que el maligno le mordió el talón a Jesús, pero Cristo le aplastó la cabeza al ir a la cruz y morir, pero sobre todo al resucitar de entre los muertos.

El advenimiento de Cristo fue anunciado hace miles de años, su misión fue delineada con toda claridad, sus contratiempos, sus luchas y conflictos con el mal, también, pero esa fue la manera en la que hombre podría reencontrarse con Dios luego del colosal error de Adán en el huerto de Edén.

Las luces de Navidad nos hacen olvidar con facilidad el fin último que tuvo la encarnación de Cristo y, sobre todo, que fue prevista por Dios desde el momento mismo que el hombre cayó en pecado. Desde ese instante Dios diseñó un plan perfecto que fue moldeando y a su debido tiempo, como dice Gálatas, envió a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley.

El nacimiento de Jesús nos regresa, claro a Belén, pero también nos remonta hasta el Edén mismo donde el Creador le anunció a Eva que un descendiente suyo, es decir, un hijo de nacido de las entrañas de una mujer, en este caso María, sería el instrumento para derrotar al maligno que los había llevado a ellos, Adán y Eva a rebelarse contra el Señor.

Dios supo que el hombre había caído y que se haría necesario su redención y por eso envió al Redentor, pero eso lo había programado desde hace mucho tiempo, lo que nos enseña que Dios tiene todo previsto, que nada lo toma por sorpresa y que él acomoda siempre todo para que sus planes no tengan contratiempos.

A nuestro Dios nunca nada lo tomará de sorpresa. Él sabe con antelación todas las cosas y siempre sabe lo que va hacer y cuándo lo va hacer. Podemos confiar plenamente, entonces, en su infinita sabiduría y su infinito poder.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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