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viernes, julio 23, 2021
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El pueblo feliz

La Biblia dice en Proverbios 29: 2

“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.”

¿De quién depende la felicidad de una sociedad? ¿En quién recae la responsabilidad que un conglomerado social alcance el bienestar? ¿Qué se necesita para que la gente se sienta dichosa viviendo en sociedad? Son preguntas que vienen a nuestra mente cuando leemos este verso que menciona dos veces la palabra pueblo acompañada de su condición.

La gente asentada en un territorio sujeta a un gobierno o autoridad, como se traduce la palabra pueblo puede estar alegre o triste y gimiendo. Son las dos únicas opciones que nos da Salomón en este verso.

En primer lugar Salomón dice que para que el pueblo se alegre los justos deben dominar. La palabra dominar procede de la raíz hebrea “rabah” que se traduce como aumentar, crecer o hacerse más. El texto traducido así, quedaría de la siguiente manera: Cuando los justos crecen, aumentan o se hace más, el pueblo se alegra.

Es decir el estado de bienestar de una sociedad depende de la clase de personas que lo integran. No del gobierno o gobernantes. Inicialmente son sus ciudadanos los que hacen posible la dicha o la alegría si son justos, piadosos o temerosos de Dios. Es obvio que si los ciudadanos respetan la ley y a sus conciudadanos pues habrá dicha.

Los ciudadanos son los que hacen de una nación feliz o infeliz. Los actos que hacen son en realidad lo que provoca dicha o bienestar. Un pueblo puede tener como dirigente a una persona correcta y respetuosa de la ley, pero si los ciudadanos carecen de respeto hacia su prójimo poco se puede hacer por ese pueblo.

La segunda parte del texto dice claramente que cuando dominan los impíos el pueblo gime. Aquí no usa la palabra hebrea “rabah”, sino “mashal” que literalmente se traduce como “señorear” o “dominar”. Es evidente que cuando los impíos dominan o se enseñorean el pueblo gime. Es muy fácil que un impío domine cuando en una sociedad hay pocos justos.

Es evidente que en una sociedad llena de malvados, un malvado los dirigirá. De igual manera una sociedad donde abundan los justos tiene muchas probabilidades de que un justo sea quien la gobierne. Ejemplos de dicha verdad la encontramos en muchos países. Cabe aquí está ecuación: un país con muchos malvados será gobernado por un malvado.

Salomón no apunta hacia el gobierno o gobernantes a la hora de hablar de la felicidad del pueblo, sino a la clase de personas que integran ese pueblo para que todo cambio y transformación profunda en una sociedad comience con sus ciudadanos, no con el gobierno. Si los ciudadanos cambian, el gobierno cambia. Es de abajo para arriba. No de arriba para abajo.

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