La Biblia dice en Lucas 1:33

“Y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Cuando Cristo nació los sabios de oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde estaba el rey de los judíos que había nacido. En esa ciudad se conmocionaron con la pregunta, pero pronto la olvidaron porque en su humana apreciación nadie había nacido con esa categoría o de ese linaje.

Entumidos espiritualmente como estaban se habían olvidado que el rey había de nacer en Belén y aunque así se lo hicieron saber a los enigmáticos visitantes que de inmediato se dirigieron a esa ciudad para comprobar sus observaciones astronómicas que resultaron completamente ciertas, ellos fueron incapaces de moverse a ese lugar cercano a Jerusalén.

De haberlo hecho hubieran comprendido cabalmente las palabras que el ángel Gabriel le dijo a María: El santo nacer que gestaría en su seno, sería el rey para siempre en la casa de Israel y a diferencia del reinado de David que tuvo un principio y tuvo un fin, el gobierno de Jesús sería para toda la eternidad.

El reino de los cielos vino al mundo y se instaló para siempre aquí. Su acceso es sencillo solo se necesita fe en el Hijo de Dios para obtener sus grandes bendiciones y solo está cerrado para aquellos que como los habitantes de Jerusalén a sabiendas que el Salvador había nacido fueron incapaces de moverse para acudir a adorarlo.

Cristo reina hoy y reinará sobre todos cuando establezca su poder y señorío sobre todos, pero hoy en día su gobierno ha llegado y se hace manifiesto con gozo, paz, bondad y mansedumbre en los corazones de aquellos que en su nacimiento se conmueven y rinden sus vidas a él.

El reino de los cielos ha llegado con Cristo y la llave para entrar es el arrepentimiento sincero y genuino y la determinación de vivir de acuerdo a los requerimientos que él ha señalado en la palabra de Dios. Somos ciudadanos del reino gracias al plan divino de Dios de hacer nacer a su Hijo en ese modesto establo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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