La Biblia dice en Mateo 21:1-6

Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: he aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.

Introducción

En toda la literatura encontramos grandes historias de hombres que siendo esclavos se convirtieron en monarcas. La historia de José es una de ellas. De un simple esclavo en Egipto pasó a convertirse en el vicegobernador de esa nación, solo bajo la órdenes del Faraón que lo encumbró.

La historia de Ben-Hur es similar. De la riqueza de su familia cayó en desgracia y se convirtió en un siervo de las galeras romanas y fue el general Arrio quien, luego de que fuera rescatado por ese personaje, lo adoptó como su hijo y único heredero de toda su fortuna con lo que la vida de Ben-Hur cambió para siempre. 

Y así en la literatura podemos encontrar esa clase de historias de esclavos que dejan su condición para convertirse en grandes protagonistas de la historia de sus pueblos, pero solo en Jesús encontramos la historia en sentido contrario: siendo Rey, viviendo en la gloria decidió dejarlo todo para redimirnos. 

Su dimisión a su grandeza, la renuncia a su realeza y su abdicación a su soberanía suele ser inexplicable porque en esta vida nadie renuncia a tenerlo todo o ser dueño de todo para emprender una travesía llena de carencias y sobre todo llena de padecimientos que lo lleven a la muerte, pero Jesús si lo hizo.

Pablo retrata ese despojo que Jesús hizo de su divinidad para presentarse con toda su humanidad a rescatarnos, pero nunca dejó de ser el rey, aun en su condición más humana.

Su calidad de Rey surgió desde su mismo nacimiento: cuando los sabios de oriente llegaron a Jerusalén preguntando por el que había nacido rey y hasta el final cuando fue colgado en la cruz del calvario, Pilato escribió encima de ese instrumento de tormentos: Rey de los judíos. 

Fue un Rey que dejó su trono para hacerse hombre, convivir con la humanidad y redimirla del pecado mediante la dolorosa crucifixión que lo colocó como un ser despreciable, indigno y miserable, más allá de la condición de esclavo, sino como paria, como una vergüenza. 

El rey que se hizo esclavo

1. Sin perder su soberanía

A.Con conocimiento preciso

B.Con control preciso

C.Con cumplimiento preciso de su palabra 

El relato de Mateo sobre los entretelones de su entrada triunfal en Jerusalén nos muestra justamente que nunca perdió su soberanía. Que su dominio sobre todo fue constante y solo en la cruz, con su muerte, dejó momentaneamente su condición divina para que a través de su encarnación pudiera ser justamente el sacrificio perfecto. 

Pero antes de eso y después de eso, nuestro Señor dio muestras palpables y contundentes de su soberanía. 

A. Con conocimiento preciso

Mateo, Marcos y Lucas recogen este relato en sus respectivos evangelios. Jesús ha llegado a Jerusalén a lo que será su última pascua y en los planes divinos ha determinado convertir ese día en el momento culminante de su ministerio y cumplir la profecía que Zacarías había hecho unos cinco siglos antes sobre su persona. 

Jesús entonces envió a dos de sus seguidores a una aldea que estaba al frente de Betfagé. Ninguno de los evangelista precisa el nombre de este lugar, pero al parecer se encontraba en inmediaciones de Betania y Jerusalén. Fueron enviados a traer una asna y un pollino que servirían como transporte a Jesús. 

Jesús sabía perfectamente que en ese lugar estaban esos dos animales, sabía que estaban atados y sabía que sus dueños cuestionarían a los enviados la razón por la que se llevaban esos dos animales porque en su perfecta soberanía tenía dominio de todo lo que acontecía en este mundo. 

Antes de ingresar triunfalmente a Jerusalén, no como los grandes generales romanos ingresaron, sino como un humildad y sencillez, quiso dejar clara y contundentemente quien era en realidad. 

Los discípulos debían tener en claro y nosotros debemos saber perfectamente que a Jesús nada se les escapó. Los acontecimientos que se aproximaban debían dejar en claro a sus seguidores que nada sería un accidente, que todo estaba perfectamente controlado y los padecimientos de Cristo formaban parte del plan divino. 

Necesitamos recordar siempre, sobre todo cuando enfrentamos situaciones adversas, que Jesús nunca pierde su poder soberano y que sabe perfectamente lo que nos sucede porque tiene un conocimiento exacto de todo. 

B. Con control preciso

El verso tres de nuestro pasaje nos muestra que Jesús no perdió nunca el control: 

Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.

Jesús no fue un líder arbitrario. No tomó nada que las personas no quisieran darle. Al joven rico le pidió que vendiera sus posesiones y las repartiera entre los pobres. A Zaqueo no le exigió que devolviera nada, ese hombre por sí mismo decidió devolver lo defraudado a sus compatriotas. 

Jesús tenía toda la autoridad para tomar lo que le placiera de este mundo, sin embargo no lo hizo. La asna y el pollino bien podía tomarlos sin problema alguno y hacer de ellos lo que mejor le pareciera, pero solo lo pidió por unos momentos para luego retornarlos a sus propietarios demostrando su control para quitar y para devolver. 

El poder soberano de Jesús nos ayuda grandemente cuando pensamos que las cosas se salen de control, él siempre es sabio sin medida y jamás nos dejará en medio de la incertidumbre o la desolación. El quita, pero también da. Tal vez estos dos especímenes eran la única propiedad de sus dueños, pero Jesús les garantizó su devolución.

Solo Jesús es capaz de acomodar las circunstancias para que nosotros podamos estar en paz, para que nosotros podamos vivir al amparo de sus benditas alas, sin temor de nada y sin miedo de que nos arrastren las circunstancias hacia lo desconocido y aun cuando fuera así antes que nadie Jesús ya estuvo allí.

C. Con cumplimiento preciso de su palabra

El verso cuatro de nuestro estudio dice de la siguiente forma:

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: he aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga.

Mateo cita la profecía de Zacarías 9:9 que escribió unos cinco siglos antes de que ocurriera y que llama a Jesús Rey. Ante los discípulos y los judíos se estaba cumpliendo la Escritura.

Que impresionante como Dios hace que su palabra se cumpla. Recordamos gratamente como operó soberanamente el Señor para que José y María salieran de Nazaret a Belén para que ella diera a luz y ahora como el Señor cumplió la profecía de Zacarías de que entraría montado en un pollino. 

Su poder soberano hizo y hará siempre que su palabra se cumpla sin faltar una sola de todas las promesas que nos ha hecho.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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