La Biblia dice en Mateo 1:1

“Ésta es una lista de los antepasados de Jesucristo, que fue descendiente de David y de Abraham.”

Mateo, el primer evangelio del Nuevo Testamento comienza su historia de Cristo presentando la lista de los antepasados de Jesús a partir de Abraham, recalcando que Jesús fue descendiente de David, para dejar en claro que el trono para siempre prometido al monarca que tuvo un corazón para el Señor era su derecho.

La genealogía de Cristo es para Mateo el punto de partida de las buenas nuevas. Así lo considera quien fue publicano y en esa condición como recaudador de impuestos, fue llamado por Jesús para integrar el grupo de los doce apóstoles. El origen de Jesús es fundamental para comprender la humanidad del Salvador.

Las primera comunidades cristianas eran mayoritariamente judías. De hecho la primer iglesia cristiana nació en Jerusalén y luego nacieron más iglesias en territorio hebreo y posteriormente en otros lugares donde ya no solo había judíos, sino también gentiles o paganos que no eran israelitas.

Como ningún otro pueblo, los judíos han mantenido la costumbre de conocer a sus antepasados y saber quienes les antecedieron en este mundo y en el caso de Jesús ellos tenían sus reservas puesto que haber vivido en Nazaret los hacía dudar de su origen y sobre todo de su parentesco con el rey David.

Pero Mateo los conduce desde Abraham hasta Jacob, el padre de José para dejar en claro que Jesús tenía todos los derechos para proclamarse con el Hijo de David, una expresión que apuntaba directamente a su divinidad y su calidad de Rey, con la consecuencia que de eso resulta porque entonces tenía un reino y en consecuencia, súbditos.

Jesús es Rey. Nació en Belén y procedía de la casa de David a quien Dios prometió que levantaría un monarca eterno. Esa es la intención de Mateo claramente presentarnos a Jesús como Rey desde el comienzo de su evangelio. Jesús fue y es el cumplimiento de todas las promesas de los profetas del Antiguo Testamento.

En un mundo donde reina el caos, donde los gobernantes son imperfectos y llenos de fallas y errores, recordar a Jesús como Rey nos alegra y consuela grandemente, nos conforta y nos alienta saber que al hacernos sus vasallos tendremos la dirección correcta para cada una de nuestras vidas.

El Rey Jesús es nuestro refugio y nuestro aliciente y más aún cuando sabemos que vendrá a establecer para siempre su gobierno mundial basado en la paz y la concordia para que vivamos tranquilamente felices de ser sus hijos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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