La Biblia dice en Lucas 24: 8-12

8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Introducción

Contra todo lo que uno pudiera pensar, la resurrección tomó por sorpresa a todos, no solo a los antagonistas, adversarios y enemigos de Jesús, sino a los propios seguidores del nazareno que a pesar de haber escuchado reiteradamente que el habría de vencer a la muerte no lo creyeron.

Los cuatro evangelistas dan cuenta de ese suceso acontecido el primer día de la semana y atestiguado por muchas personas: desde las mujeres que no se apartaron de Jesús, sino solamente para ir a dormir un momento, los propios soldados que resguardaban la tumba, los principales sacerdotes y los apóstoles.

Jesús venció a la muerte, tal y como lo había anunciado con antelación. Pero sus seguidores no lo creyeron y sus adversarios nunca lo aceptaron. Ellos lo negaron, ocultaron y trataron siempre de tergiversar. Pero nunca pudieron detener esa verdad: la transformación en la vida de las personas y la permanencia de la iglesia han sido y serán pruebas irrefutables.

Por cuarenta días Jesús estuvo con los suyos para concluir el discipulado que requerían para convertirse en los predicadores de una fe basada en lo sobrenatural, fincada en el poder de Dios y cimentada en una sobrecogedora verdad: Cristo está vivo. No quedó en el madero crucificado.

La resurrección de Cristo es el corazón de la predicación cristiana. De no ser así, Jesús sería como tantos y tantos maestros que han estado en este mundo y han dejado una impronta o señal, pero que han muerto y algunas de sus tumbas están entre nosotros como testimonio de su humanidad, pero en el caso de Jesús eso no sucedió.

Jesús vive y reina por los siglos de los siglos y al derrotar a la muerte nos da fuerzas para enfrentar los problemas cotidianos que se nos presentan, pero sobre todo nos dan fuerza y valor para enfrentar la muerte, nuestro gran enemigo.

Los evangelistas, sin que se trate de una apología o que tenga una intención escondida, sino porque así fueron los hechos, colocan a las mujeres como las grandes protagonistas de la resurrección porque vieron donde colocaron el cuerpo de Jesús, porque no se apartaron de allí sino para los más elemental y porque fueron las primeras en conocer que el Señor vivía.

María Magdalena y otras mujeres que Lucas menciona en este pasaje tuvieron la primicia de saber que Jesús había resucitado y fueron las encargadas de anunciar que Cristo vivía y no estaba muerto.

Para anunciar que Cristo vive

A. A los que supuestamente lo debían saber
B. A pesar de la percepción de los demás
C. Aunque parezca descabellado
D. Ante la posibilidad de que alguien pueda creerlo

A. A los que supuestamente lo debían saber

A sus discípulos Jesús se los dijo muchas veces. Voy a morir, pero voy a resucitar. Lo dijo cuando señaló destruir este templo y en tres días lo reedificaré. Lo reiteró cuando manifestó: Esta generación demanda señal, pero señal no le será dada, sino la del profeta Jonás.

Y en otras muchas ocasiones más para prevenirlos, pero sobre todo para que cuando eso sucedería no se desanimarán, pero ellos no entendieron o no comprendieron lo que Jesús les quiso enseñar y cuando fue detenido y crucificado ellos se doblaron y su muerte significó el fin de sus sueños.

Las mujeres escucharon esas enseñanzas, pero muy probablemente no tanto como los apóstoles, por eso cuando oyeron que Jesús había resucitado lo creyeron y abandonaron el sepulcro porque ya no había razón de estar allí. El Maestro ya no estaba, ni estaría allí. Fue solo un breve tiempo su estancia en ese lugar.

Lucas nos dice lo que ellas hicieron cuando se enteraron que Jesús había resucitado: 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Decir que Cristo vive a quienes debían de saberlo debe haber sido un poco extraño.

Pero eso nos enseña que debemos proclamar que Cristo vive a quienes pensamos que lo saben, si lo creen dirán un fuerte amén con nosotros y si no, les recordaremos que esa es la base central de nuestra fe.

B. A pesar de la percepción de los demás

A Lucas les gusta enlistar a las mujeres que estaban con Jesús. Ya lo ha hecho antes en su evangelio particularmente en Lucas 8: 1-3
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Y en el pasaje que estamos meditando lo vuelve hacer al escribir y describir quienes eran esas mujeres que estaban esa mañana en el sepulcro que José de Arimatea había prestado para el entierro de Jesús.

El verso diez dice de la siguiente manera: Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.

A ellas no les importó que se dirigieran a quienes eran los discípulos escogidos por el Señor y ellas mujeres. Para entender lo que estoy diciendo debemos entender que en esas fechas el testimonio de una mujer desde el punto de vista legal no tenía el mismo valor que el de un hombre.

En otras palabras ellas corrían el riesgo de ni siquiera ser tomadas en cuenta por los caballeros, pero a ellas no les importó ni interesó si eso iba a ocurrir. Ellas estaban convencidas, como nosotros debemos estar convencidos de que proclamar que Cristo vive se debe hacer independientemente de cómo nos vean los demás.

C. Aunque parezca descabellado

Lo que debió tomarse con toda naturalidad, con confianza y con certeza, resultó una locura. Cuando ellas dijeron que Jesús vivía, los discípulos reaccionaron tan humanamente que pensaron que era un disparate.

Así describe ese momento Lucas, el médico amado: Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.

Imagínense si para los doce era una locura decir que Cristo vive como lo han de tomar ahora, dos mil años después, aquellos que aun no han depositado su fe en Jesús, para ellos es una locura porque rompe con toda lógica humana decir que ni la muerte ni el tiempo han podido destruir a Jesús.

Siempre será descabellado decir que Jesús vive, pero así como las mujeres de las que habla Lucas tomaron la decisión de compartir esa verdad, así lo debemos hacer nosotros a sabiendas que se nos va a tomar como personas que han perdido el juico o que de plano a quienes han evadido la realidad.

Los apóstoles que estaba llenos de miedo y temor pensaban que las mujeres habían llegado a un punto de enajenación que al no encontrar el cuerpo de Jesús inventaron esa verdad.

D. Ante la posibilidad de que alguien pueda creerlo

Eran once los apóstoles que escucharon a las mujeres que llegaron con el mensaje de que Cristo vivía. De ellos uno solo les creyó y salió de la casa donde se escondía para no ser descubiertos.

12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Proclamar que Cristo vive siempre tendrá su fruto. Escaso, tal vez, pero siempre habrá alguien que reciba nuestras palabras. La actitud de Pedro nos muestra que algunos nos dirán que estamos locos, otros tal vez se burlarán de nuestra fe, pero siempre habrá alguien que crea a nuestras palabras.

Pedro fue hasta el sepulcro junto con Juan y descubrió que en efecto las palabras de las mujeres eran verdad, que no mentían ni decían cosas descabelladas lo que nos hace ver que nuestro testimonio siempre encontrará eco en alguna o algunas personas, pero que debemos mantenerlo frente a quien sea.

Pedro creyó que Cristo vivía y su vida cambió a partir de ese momento ya que regresó maravillado y sorprendido de que Jesús había derrotado a la muerte.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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