La Biblia dice en Eclesiastés 3:1

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”

El libro Eclesiastés tiene como particularidad abordar el paso del hombre sobre esta tierra y como consecuencia natural del tema aborda la necesidad de valorar el tiempo porque todos los terrícolas vivimos en una permanente lucha contra el paso de los días, los meses y los años que nos consumen hasta hacernos retornar a la tierra de donde vinimos.

Debemos estar conscientes que tarde o temprano el tiempo nos hará sucumbir. Nos hará ver que somos como la niebla que aparece por un poco de tiempo, pero que luego se desvanece, nos recordara constantemente que somos extranjeros y advenedizos en esta tierra y que lo efímero es nuestra marca.

El autor de esta obra busca hacernos entender que el tiempo tiene acontecimientos que ocurren a pesar de nuestro gusto o disgusto. La ley que establece que en esta vida todo tiene su tiempo y su hora es de suma utilidad para enfrentar todos los avatares que se presentan en nuestra existencia.

Saber que la vida marca tiempos exactos para todos es fundamental para saber convivir con nuestro verdugo que va minando nuestras fuerzas hasta acabar con nosotros. Solo de esa forma podremos disfrutar plenamente la existencia al reconocer que el tiempo está más allá de nuestro control.

Pensar que nosotros tenemos dominio sobre los días, meses y años por venir es una grave equivocación. En realidad es al revés. Para no frustrarnos al final de nuestros días con lo que hicimos con nuestra existencia el Eclesiastés llama nuestra atención para saber ser sabios con lo que hacemos con las veinticuatro horas que recibimos diariamente.

El sabio Salomón nos hace pensar seriamente sobre este aspecto fundamental de nuestra vida porque de ello depende grandemente nuestros triunfos y fracasos, pero sobre todo el disfrute que podemos tener durante nuestro paso por este mundo que en realidad es fugaz.

Saber que el tiempo marca momentos que debemos aprovechar o que debemos enfrentar con resignación nos permitirá salir más o menos ilesos de esta vida con tantas injusticias, con tantos sinsabores y con tantas contradicciones. La vida no es un carnaval, como dice una canción, tampoco la vida es loca. En realidad La vida es un reto que comienza y termina sabiendo lidiar con el tiempo.

Ante el tiempo los hombres somos como los surfistas que toman las olas, se equilibran y van sobre ellas tratando a toda costa de no ser derribados. Aunque tarde o temprano esa ola se acabe y ellos terminen en el mar. El reto es mantenerse firme sobre las olas. En la vida el reto es saber aprovechar el tiempo porque hay un tiempo para todo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario