La Biblia dice en Salmos 72:18

“Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.”

Para comprender la expresión “único” que usa el verso que hoy meditamos nos tenemos que remitir a la primera ocasión que este término se utiliza en la Escritura. Lo localizamos por primera vez en Génesis 2: 18 que dice así: “No es bueno que bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

La palabra solo o único proceden de la misma raíz hebrea “bad” que connota alguien que está separado y por esa situación nadie más está a su lado o no comparte con nadie nada porque esta solo. Desde el punto de vista de personas, Adán se encontraba sin compañía porque solo había animales, pero nadie parecido a él.

Cuando el salmista dice que Dios es el único que hace maravillas le otorga a Dios una categoría exclusiva, es decir nadie lo puede igualar o en otras palabras nada ni nadie puede hacer lo mismo que él hace. La idea que comunica la palabra es que solamente Dios es capaz de obrar maravillas.

La palabra maravilla que usa el salmista procede de la raíz hebrea “pala” que literalmente se puede traducir como milagros, portentos, obras poderosas, cosas difíciles y todo aquello que sale de lo ordinario, es decir cosas extraordinarias, lo que implica que al acercarnos al Señor estamos ante un Dios que supera con mucho nuestras expectativas.

David nos lleva a bendecir con todo nuestro corazón al Creador porque nadie puede superarlo, nadie puede hacer más que él, pero sobre todo porque si lo que necesitamos excede de lo ordinario, entonces debemos buscarlo a él. Los humanos tienen límites y su capacidad no sale de lo ordinario.

Pero nuestro Dios es capaz de hacer cosas que van más allá de lo que humanamente se puede hacer. Los judíos recordaban bien que el mar Rojo fue abierto una sola vez en toda su historia y fue gracias a Dios, también recordaban que las aguas del río Jordán se detuvieron en una sola ocasión para que ellos pasaran a la tierra prometida.

La palabra de Dios está plagada de ejemplos donde Dios demuestra que sale de lo ordinario. El hacha de metal que flotó en el río, los muros de Jericó que cayeron con solo gritar, el maná que descendió todos los días por cuarenta años en el desierto y una serie de milagros que nos demuestra que nadie más puede hacer eso.

Dios es único y entonces merecen también una adoración única. Algo de nosotros que solo le damos al Señor y a nadie más.

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