La Biblia dice en Juan 6:5-13

Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? 6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

Introducción

Jesús quiso que sus discípulos y quiere que nosotros sus seguidores estemos convencidos que siempre sabe lo que hace. Jesús no improvisó ni improvisa. Nada lo toma de sorpresa. Siempre conoce antes que todos las circunstancias que vendrán a nuestra vida y quiso que estuviéramos conscientes de esa verdad.

La razón por la que el Señor desea que sepamos que lo que él ejecuta no queda fuera de su control es que a lo largo de nuestra vida nos vamos a encontrar con situaciones muy complejas en las que pensaremos o creeremos que todo se ha salido del dominio del Señor y eso nos hará sentir defraudados o frustrados.

Para enseñarles a sus discípulos esa verdad y para reafirmarla en nosotros, Jesús escogio uno de los siete milagros que Juan relata en su evangelio y es justamente la multiplicación de los panes y peces para alimentar a una multitud de cinco mil personas sin contar a mujeres y niños.

Y dentro de todos los apóstoles que estaban con él en ese momento escogió a uno de ellos llamados Felipe, quien tenía grandes dificultades para aceptar quien era Jesús. Es el mismo Felipe que le dijo a Jesús que le mostrara al Padre y Cristo le respondió: tanto tiempo he estado con ustedes, Felipe y me dices muestranos al Padre.

Felipe al igual que nosotros necesitaba con urgencia saber que Jesús dominaba lo natural como lo sobrenatural. No había nada que estuviera fuera de su alcance o que no conociera. La razón de esta necesidad radica que le podemos dejar nuestras vidas en sus manos porque él sabrá hacer con ella lo mejor para nosotros.

Se trata de entender y comprender que Jesús es digno de toda nuestra confianza y también que podemos estar completamente seguros en sus manos porque sabrá dirigir nuestra vida por donde mejor convenga, aún cuando nosotros pensemos que no sabe lo que hace o no sabe lo que es mejor para nosotros.

El vital camino de lo natural a lo espiritual
Para aceptar que Jesús siempre sabe lo que hace
A. A pesar de lo complejo de un problema
B. A pesar de nuestras dudas
C. A pesar de nuestra renuncia por creer

Cerca del lago de Galilea también llamado de Tiberíades en honor a Tiberio César, emperador romano que encumbró en el poder a Herodes Antípas, llegaron miles de personas a oír a Jesús. El Maestro decidió darles de comer, preocupado por todos ellos, pero también porque sabía lo que ocurriría después. Lo intentaría hacer rey. Y no quiso.

Esa señal le sirvió también para mostrar a sus seguidores que nada sale de su dominio, que sabe perfectamente la reacción de los seres humanos y cómo se comportarán en determinadas circunstancias. Él conoce y puede todo. Nada queda oculto bajo su mirada poderosa.

A. A pesar de lo complejo de un problema

El verso cinco de nuestro estudio dice:

Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos?

El mundo se le vino encima a Felipe con esa pregunta que Jesús le hizo. Alimentar a unas quince mil personas (considerando que fuera cinco mil familias de tres miembros, claro algunos no eran casados y no tenían hijos) requería una cantidad elevada de recursos económicos.

Además, en el caso del pan, con panaderías tradicionales con hornos de leña que solo producían muy pequeñas cantidades, esa era una meta inalcanzable.
Cuando a nuestra vida llegan esa clase de problemas lo primero que nuestro corazón piensa es que estamos ante una situación grave que se ha salido del control soberano de Dios, que estamos en una situación imposible de resolver o que de plano estamos ante una adversidad de la que no podremos salir.

B. A pesar de nuestras dudas

Juan nos dice la razón por la que Jesús le hizo esa pregunta a Felipe y también la respuesta que Jesús recibió:

Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.

La palabra probar en griego puede entenderse como someter a un examen a una persona para descubrir su aprendizaje o para saber el avance de un conocimiento que ha ido adquiriendo y eso fue lo que hizo Jesús con Felipe, un hombre que necesitaba, como todos nosotros, afirmar su fe.

Este discípulo necesitaba aprender a confiar en Cristo y para depositar su seguridad en Jesús necesitaba urgentemente que le enseñarán a despejar sus dudas e incertidumbre. Felipe contestó la pregunta de Jesús como la hubiera contestado cualquier otro hombre normal: no se podía hacer nada por esos miles de hombres y mujeres que estaban allí.

Juan dice que Jesús sabía lo que había de hacer. No necesitaba auxilio humano alguno, no requería de nadie que colaborara con su persona. Juan tiene toda la intención de dejar bien en claro que Jesús era completamente autónomo, su única dependencia provenía del Padre porque ellos eran uno.

C. A pesar de nuestra renuncia a creer

Los versos ocho y nueve nos ofrecen la intervención de otros de los apóstoles en esta señal hecha por Jesucristo:

Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

Andrés subrayó la imposiblidad de alimentar a esas miles de personas con un dato acompañado de una afirmación que resalta su renuncia a confiar en Cristo. Para ese discípulo cinco panes de cebada y dos pececillos no servían para absolutamente nada en medio de esa gran multitud.

Era el mismo planteamiento de Felipe, sólo que expresado de diferente manera. En el fondo mantenía la misma actitud incrédula ante el poder de Jesús para obrar una señal que para él no representaba algo imposible de lograr. Los discípulos pensaba que Jesús había perdido en control de lo que estaba sucediendo.

El hecho de ponerlos a recoger los pedazos de pan que sobraron, demuestra que Jesús no está imposibilitado de manera alguna para obrar de manera portentosa. No hubo límite para quienes comieron ese día.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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