La Biblia dice en Juan 8:2-11

Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Introducción

El adulterio estaba penado moral, social y legalmente en Israel. Los adúlteros debían ser apedreados si se les descubría, según ordenaba la ley mosaica y los fariseos y escribas estaban siempre prestos o listos para detectar esa conducta y dejar caer todo el peso de la ley contra quienes caían en ese pecado.

La historia que narra Juan, que hemos de señalarlo, muchos manuscritos no lo consignan, pero se registra en todas las versiones de la Biblia, retoma una historia ligada al adulterio donde los protagonistas son Jesús, la mujer adúltera o sorprendida en el acto mismo y los fariseos y escribas.

Los religiosos del tiempo de Jesús pudieron haber ejecutado la setencia contra esa pobre mujer, pero decidieron llevarla ante Jesús con una sola intención: buscar probarle para que cayera en una contradicción o abierta negación de la Torá y así poder acusarlo de ser un quebrantador de la ley.

Pero el tratamiento que Jesús le da al asunto deja sin argumentos a los acusadores, libera a la mujer y nos muestra de paso la gran compasión que Cristo sentía por las mujeres y que no compartía para nada la prevaleciente misoginía entre los religiosos de su tiempo y al contrario reinvindicó a la mujer poniéndola en el lugar que le correspondía en la gracia.
Jesús dejó bien en claro con esta actitud un grave problema que los seres humanos tenemos frente a los pecados, errores, equivocaciones y tropiezos: sin son de otros, reaccionamos con severidad, los señalamos con viveza y los acusamos con dureza, pero si son nuestros, los ocultamoss, los negamos y si llegamos a reconocerlos, los minimizamos.

Los seres humanos somos justicieros por fuera, pero extremadamente benevolentes con nosotros mismos o nuestros seres queridos a la hora de sancionar faltas, pecados, rebeliones e iniquidades, en una clara manifestación del egoísmo que nos caracteriza de pensar solo en nosotros.

El vital camino de lo natural a lo espiritual
Para aprender a corregir el pecado
A. El pecado de nuestro semejante
B. El pecado de nuestras vidas

El tratamiento del pecado es un asunto delicado porque es un acto que ofende a Dios y Dios no reacciona como nosotros reaccionamos muchas veces. No es que Dios tolere o sea consentidor de nuestras malas acciones. Todo lo contrario, claro que las sanciona, pero es mucho más paciente que todos nosotros.

Y esa es la lección que Dios le dio a los escribas y fariseos que eran muy intolerantes con los pecados ajenos y que buscaron a Jesús para ponerlo a prueba más que para aprender de sus enseñanzas, pero Jesús les mostró la forma en que se debe atender ese grave mal que es el pecado.

A. El pecado de nuestro semejante

La historia de la mujer adúltera es una historia muy triste porque fue llevada de manera pública ante Jesús. Ese solo hecho nos hace pensar que fue tratada de manera sumamente injusta porque no solo fue exhibida, pero fue ella sola. Si fue sorprendida o capturada como traduce la versión en inglés de la Nueva Versión Internacional, dónde estaba el adúltero.

Los escribas y fariseos se ensañaron con esta mujer porque la Torá prescribía claramente que en caso de un pecado como el suyo, el sanedrín tendría que lapidar a los dos infieles, pero esto no sucedió, sino que la usaron para que Jesús fuera probado para tener algún elemento para condenarle.

Usaron uno de los pecados más escandalosos que hay en la Escritura y en casi todas las sociedades. Y es que casi en todas las sociedades los delitos de carácter sexual son sumamente ruidosos y quienes caen en ellos sufren por doble partida.
La frase “poniéndola en medio” nos dice la manera en que trataban el pecado de las personas. Se regodeaban de los pecados ajenos porque eso los hacía parecer a ellos más rectos y piadosos que los demás. Publicitar los yerros ajenos los complacía en una sociedad que vivía una falsa moralidad.

La actitud de estos hombres nos muestra hasta donde podemos llegar cuando se trata de los pecados ajenos o de nuestros semejantes. Quizá una de las mejores maneras de expresar esta triste verdad es una novela llamada la Letra escarlata que relata la vida en Estados Unidos en el siglo XIX.

Una joven mujer queda embarazada mientras su esposo está ausente y es condenada a vivir en el pueblo con usando un vestido que tiene bordada la letra “A” de adúltera como castigo de su conducta. Pero la ropa no era suficiente, un grupo de niños la esperaba fuera de su casa por sí salía y entonces con tambores y otros instrumentos anunciaban su paso.

B. El pecado de nuestras vidas

“El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, les dijo Jesús y nadie levanto una sola roca sobre esa indefensa mujer. Juan escribe que fue la conciencia de ellos la que los acusó y les hizo ver que definitivamente estaban mirando más la paja en el ojo ajeno que la viga que ellos tenían en su sentido de la vista.

El evangelio no nos dice que ellos se hayan puesto a confesar sus pecados, pero el hecho de que se hayan alejado y dejado solo a Jesús con la mujer es una muestra palpable que tenían cuentas pendientes con el Creador. Se miraron a sí mismos y descubrieron sus grandes faltas ante el Señor.

Es un error común fijarnos más en los pecados de los demás que en los nuestros. El salmista David lo sabía perfectamente por eso en el salmo diecinueve le dice a Dios:

¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. 13 Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. 14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío. Salmo 19: 12-14.

Eso no quiere decir que no podamos señalar los yerros de los demás, sino más bien el modo en que debemos hacerlo, recordándo lo que Pablo escribió: El que piensa que está firme, mire que no caiga. 1ª Corintios 10: 12.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario