La Biblia dice en Juan 2:13-17

Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

Introducción

Jesús fue un gran intransigente. Se negó sistmáticamente a aceptar las enseñanzas de los fariseos y sus prácticas porque no solo eran humanas al cien por ciento, sino que había en ellas rasgos que negaban la propia revelación divina que el Creador entregó a Moisés en el monte Sinaí.

Jesús fue un celosos guardian de la palabra de Dios. No le permitió ni al diablo, que le ofreció permutar su sacrificio en la cruz si lo adoraba, aplicar un precepto bíblico equivocado, e incluso le citó la palabra de Dios en el salmo 91 para decirle que podía probar a Dios y Jesús lo rechazó absolutamente.

Jesús enfrentó a las fuerzas del mal representadas no solo en el imperio romano, a quienes algunos rabinos han identificado desde hace muchos años como los descientes de Esaú y a los propios fariseos y toda la clase religiosa que lo condenó y lo hizo con la firme convicción de que esa era parte de misión.

Los judíos habían perdido la esencia del servicio y adoración a Dios, habían convertido la espiritualidad en una serie de reglas que se presentaban más como normas humanas para evitar un compromiso con Dios y arrojaban a todos a una religión simple basada exclusivamente en adecuarse a ciertos ritos y fórmulas sin profundizar en la fe.

La clase sacerdotal, encargada de los sacrificios y la administración del templo de Jerusalén habían convertido la fe en un gran negocio. No solo cobraban un impuesto por los servicios del templo, sino que también eran quienes regulaban los establecimientos para la ceremonia de la purificación que los peregrinos tenían que hacer al llegar a la capital judía.

El templo de Jerusalén edificado por Salomón para que el pueblo adorara al Señor se había convertido en un gran espacio para toda clase de comercio. Confluían allí ya no solo adoradores, sino vendedores de animales para el sacrificio y cambistas encargados de cambiar monedas de otras naciones para poder tener dinero para comercializar.

El glorioso edificio era ya un gran mercado donde lo más importante no era adorar a Dios, sino hacer negocios y a nadie le parecía extraño ni equivocado, pero Jesús llegó allí e hizo un azote de cuerdas, es decir tomó unas cuerdas, hizo un látigo y echó de ese lugar a todos los comerciantes.

Los díscipulos entendieron perfectamente lo que sucedió en esa ocasión y citaron el salmo 69: 9 que dice: “Porque me consumió el celo de tu casa, y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.”

La palabra hebrea para celo es “qinah”. Algunos autores hacen una diferenciación entre celo y celos. Lo hacen porque la palabra qinah se utiliza también pera referirse a la envidia. Es decir, qinah tiene dos sentidos, uno negativo y otro positivo. El negativo es traducido como envidia, la persona experimenta un intenso deseo destructivo hacia otra persona.

En el aspecto positivo se utiliza en la historia de Finnes que nos relata el libro de Números 25: 1-18. En este pasaje se utiliza la palabra celo tanto en el sentido humano como en el sentido divino. El hombre siente celo y Dios tiene celo. Leamos Número 25: 10-13 que dice así:

10 Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo: 11 Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha hecho tornar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos: por lo cual yo no he consumido en mi celo á los hijos de Israel. 12 Por tanto di les: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él; 13 Y tendrá él, y su simiente después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo; por cuanto tuvo celo por su Dios, é hizo expiación por los hijos de Israel.

El vital camino de lo natural a lo espiritual

Para defender el honor de Dios
A. Ante la profanación de lo sagrado
B. Con determinación
C. Porque de no hacerlo la vida carece de sentido

La palabra se refiere a la defensa que Finnes hizo del honor de Dios y lo que pasó en Jerusalén fue exactamente lo mismo, Jesús defendió el honor de Dios.

La palabra celo es la misma que utiliza el evangelista Juan cuando explica el azote de cuerdas que Jesús hizo en el templo de Jerusalén. Allí cita el salmo 69: 9. La palabra griega para celo es “zelos” y tiene el mismo sentido que en hebreo se utiliza para hablar de rivalidad en sentido negativo y afán y entusiamo en el sentido positivo.

El sentido de la palabra, entonces, es fervor, ardor, pasión porque se haga respetar el nombre de Dios, por reverenciar todo lo sagrado, por guardar con devoción lo relacionado con el Creador. Es una veneración por todo lo que representa el Señor.

A. Ante la profanación de lo sagrado

Los cuatro evangelistas registran el diagnóstico que Jesús tenía sobre lo que acontecía en el templo de Jerusalén: Mateo, Marcos y Lucas dicen claramente que Jesús les dijo a quienes allí estaban que ese lugar sagrado, recinto para conocer al Dios del cielo y de la tierra, que llama casa de oración, se había convertido en una cueva de ladrones.

El uso de la palabra cueva nos lleva a la idea de forajidos agazapados en un lugar oculto para atacar y robar a quien se cruzará por su camino, pero también nos lleva a pensar en animales como los lobos que se guarecen en una cueva mientras esperan a sus víctimas para matarlas.

Juan dice que Jesús les dijo que habían hecho de ese lugar un gran mercado donde se comercialzaba la fe de los hebreos como si lo más importante fuera hacer dinero y no buscar a Dios. Jesús sintió agraviado el honor de Dios con lo que acontecía en ese lugar. No se sintió comodo porque el recinto sagrado nunca tuvo esa finalidad.

El celo del Señor tiene como principal caracteristica que nos hace defender el honor del Señor, nos lleva a pelear ante la profanación del santo y bendito nombre de Dios. Es una especie de chip que se instala en el corazón para señalar a quienes permutan la adoración al Señor en fines nada espirituales.

Dice Juan que Jesús encontró en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Ya habían adquirido un lugar y eso no tenía que ser así. La casa del Señor se hizo para adorarlo, no para lucrar. El lucro con lo sagrado es una de las peores prácticas en las que se puede caer.

Eso fue lo que desperto el celo de Jesús. Encontrar personas distorsionando el mensaje de Dios y ante ello su reacción fue inusual: tomó un látigo y tumbó las mesas y les aclaró que la casa del Señor es una casa de oración no un lugar donde se vaya a hacer dinero con la fe de las personas.

B. Con determinación

La determinación con que Jesús hizo este azote de cuerdas les resulta incomprensible a muchos porque todos se quedan con el Jesús amoroso que abrazó a los niños, sanó a los enfermos y multiplicó los panes para darle de comer a miles de personas en gesto de gran compasión para los necesitados.

Pero la descripción que hacen los cuatro evangelista es que tomó cuerdas y diseñó rápidamente un látigo con el que fustigó a los vendedores y cambistas asentados al interior del templo y con ello mostró un rostro que para muchos resultó incomprensible porque preferían ver a un Jesús manso.

Y no es que perdiera la verticalidad o la paciencia, en realidad estaba actuando así porque el mensaje de ir al templo de Jerusalén a adorar al Señor estaba siendo tergiversado completamente y por eso su acción fue con determinacion, sin miedo de enfrentar la reacción de la clase religiosa de su tiempo, pero particularmente la de los sacerdotes.

Ellos eran los que administraban el templo y los permisos para operar cualquier actividad en ese lugar pasaba por sus manos. Jesús sabía perfectamente a lo que se enfrentaba. Él no hizo lo que hizo para ver que sucedería. No. Él hizo lo que hizo a sabiendas que iba a desatar la furia de todos ellos.

La defensa del honor de Dios o hacer respetar lo sagrado implica una confrontación con todos aquellos que acostumbrados a vivir denigrando o degradando a Dios se sienten aludidos, señalados o dañados, pero es necesario porque no se puede pasar por alto esa clase de atentados a persona del Señor.

C. Porque de no hacerlo la vida carece de sentido

El celo por la casa del Señor consumía a Jesús. Eso quiere decir que moría por hacer que el nombre de Dios y todo lo sagrado o referente a la persona del Señor se respetara. No podía quedarse callado. Tampoco podía mirar hacia otro lado o dejar pasar lo que veía que hacían contra Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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