La Biblia dice en Juan 4:7-15

Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.15 La mujer le dijo, dame es agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Introducción

La historia de la mujer samaritana es la historia de millones de seres humanos que buscan y rebuscan tratando de encontrar algo que le de sentido a sus vidas o que satisfaga las necesidades internas con las que todos nacemos y que de nos ser suplidas nos vuelven seres insatisfechos tratando de alimentar a como de lugar ese sentimiento de vacío.

La samaritana, como la identifica Juan, pueden ser muchas de las personas que poblamos este mundo porque nacemos con necesidades afectivas, necesidades que no se pueden llenar externamente, porque, incluso, cuando las exigencias materiales han sido suplidas a veces hasta con excendentes la falta de contentamiento permanece.

Juan es el único que nos presenta este relato. El encuentro de Jesús con una mujer profundamente necesitada a la que abordó de una manera sensible, decorosa y sobre todo con mucho tacto, buscando en todo momento sacarla de su forma natural de ver la vida para llevarla al ambito espiritual.

Esta mujer cargaba con una doble losa. En primer lugar era samaritana, etnia aborrecida y despreciada por los judíos y luego era mujer, género bastante menospreciado en sus días, lo que volvía su existencia una vida llena de sin sabores, contradicciones y complejas relaciones humanas.

Pero sin duda alguna su mayor conflicto residía justamente en esa necesidad de contar con marido. Quería tener a su lado a alguien con quien compartir, pero llevaba cinco divorcios y estaba en otra relación, cuando Jesús la encontró, lo que nos habla mucho de ella.

Ella necesitaba descubrir lo que Jesús ofrecía para dejar de sentir esa necesidad de estar con alguien y aprender a disfrutarse ella misma. A saberse amada por alguien que a cambio no le pediría nada que no fuera algo que se puede dar. En el caso de Jesús le pediría su corazón y su vida para servirle y eso era posible con decisión y determinación.

Ella vivía en un grave error porque no sabía o no había descubierto que Dios tenía y tiene un ofrecimiento gratuito para no vivir en la insatisfacción, para sentirnos completos y plenos en este mundo donde muchos experimentan grandes y doloroso vacíos que son llenados con cosas materiales o adicciones que nunca satisfacen.

El vital camino de lo natural a lo espiritual
Para descubrir lo que ofrece Dios gratuitamente
A. Porque vivimos con costosos prejuicios
B. Porque vivimos con grandes necesidades internas
C. Porque lo que no se ve, solo Dios lo puede dar

Cuando la mujer samaritana estuvo ante Jesús, intercambiando palabras ante la solicitud del Maestro para que le compartiera agua del pozo de Jacob, el Señor le dijo lo siguiente: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.”

La frase don de Dios se traduce de diversas maneras: “Si supieras lo que Dios da”, dice la versión Dios Habla Hoy. “Si supieras lo que Dios puede dar”, señala la Nueva Versión Internacional. “Si supieras el regalo que Dios tiene para ti”, indica la Nueva Traducción Viviente.

La palabra don que usa en este verso el apóstol Juan para don procede de la raíz griega “dórea” que literalmente quiere decir sin costo, gratuitamente, regalado y sin cargo. Lo que Jesús le estaba diciendo a esa fémina y nos dice a nosotros es que él nos está ofreciendo en este mismo instante algo que regalado que es capaz de llenar nuestras vidas.

En un mundo tan materializado donde se ha acuñado la frase “capitalismo salvaje” para hacer notar que todo se ha mercantilizado, hay valores y cosas extremadamente valiosas que Dios ofrece de manera gratuita y sin cargo solo basta acercarnos a él o solo se necesita dejar lo material para caminar a lo espiritual.

A. Porque vivimos con costosos prejuicios

Jesús se acercó a la mujer samaritana y le pidió que le diera agua, pero la reacción inmediata de ella fue resaltar y recordar que ella era una samaritana y Jesús un judío y entonces su solicitud habría que revisarla porque hebreos y samaritanos no se llevaban entre sí por el despreció que los paisanos de ella recibían de parte de los israelitas.

Ella vivía con grandes prejuicios, tal vez no era su culpa, pero su medio la obligaba y llevaba a comportarse de esa manera. Ese problema lo tenemos todos porque nos cuesta trabajo dar algo sin recibir ningún beneficio. Lo único que ese hombre parado frente a ella le pidió fue un poco de agua para tomar.

Esa fue la manera en la que Jesús se acercó a ella, pero en lugar de decirle por lo menos que no le daría nada, le reprochó el porqué le pidio siendo un hebreo y ella una samaritana porque sobre su corazón pesaba esa carga de desprecio que le hacían pasar los judíos fundamentalistas.

En este mundo hay muchos prejuicios que nace por el origen de la persona, su color de piel, su forma de vestir o incluso por el tipo de comida que consume, pero son sumamente costosos porque nos hacen perder grandes oportunidades de conocer a quienes podrían enriquecer nuestra vida con su experiencia o conocimientos.

B. Porque vivimos con grandes necesidades internas

Los versos diez y once nos ofrecen el dialogo que Jesús tuvo con esta mujer:

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

La mujer samaritana desconocía por completo frente a quien estaba. La frase “si supieras” es una expresión que denota llegar a conocer o descubrir una verdad mediante una apreciación muy aguda que permite convencernos de que algo es cierto.

Ella no había descubierto la clase de ofrecimiento que tenía ante sí. Jesús le ofreció agua viva y ella pensó que se refería al agua que tenía el pozo alrededor del cual platicaban, pero lo que Cristo estaba haciendo era ir directo a la necesidad que ella tenía. El agua viva era su presencia en la vida de ella.

El agua viva es una expresión metafórica para referirse a la virtud de Cristo de saciar la sed del alma. Esa clase de sed que se manifiesta por una constante y permanente sensación de vacío que se procura llenar con las más diversas clases de cosas o bienes materiales que nunca llegan a saciar las necesidades espirituales de los hombres.

Esas profundas necesidades internas pueden ser llenadas de manera gratuita aceptando la presencia de Dios en nuestras vidas, reconociendo que por nosotros mismos somos incapaces de satisfacer esas necesidad del alma que son profundas y que nos hacen vivir sin disfrutar todo lo que Dios nos ha dado.

C. Porque lo que no se ve, solo Dios lo puede dar

Del verso doce al verso quince encontramos estas verdades:

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.15 La mujer le dijo, dame es agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Finalmente la samaritana comprendió que Jesús hablaba de una clase de agua distinta a la del pozo. Hablaba de su persona, hablaba de su mensaje o sus palabras que son capaces de llenar el alma, satisfacer esa necesidad interna con la que todos nacemos y que vamos llenado de diversas maneras.

Ella había tratado inútilmente de llenar su vacío con relaciones que fracasaron hasta cinco veces, pero que al conocer a Cristo entendió que hay cosas que no se encuentran en ninguna clase de mercado y son necesarias para la vida y Dios las regala o nos la da de maner gratuita.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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