La Biblia dice en Juan 3:1-8

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Introducción

Juan escogió intencionalmente el encuentro entre Nicodemo y Jesús para hacer comprender a los judíos y a los gentiles la dimensión de la obra de Jesús respecto al reino de los cielos, tema de primera importancia para los judíos y algo completamente desconocido para los no hebreos.

La presentación de Nicodemo como un fariseo y principal entre los judíos fue y es más que suficiente para saber o conocer entre los israelitas qué tipo de persona era ese hombre que buscó a Jesús de noche y cuyo nombre significa “victoria sobre el pueblo”, era un personaje importante, influyente y conocedor de la ley hebrea porque pertenecía al sanedrín.

El tema de conversación entre ellos fue el reino de los cielos que derivó en el del nuevo nacimiento porque desde siempre el establecimiento de la monarquía davídica entre los judíos es un tema inherente a su historia. Ellos han esperado, esperan y esperarán al Mesías que instalará el gobierno terrenal prometido a patriarcas, profetas y reyes hebreos.

Sin embargo, antes de ese paso Jesús le hizo ver a Nicodemo que Jesús era más que un maestro. Nicodemo lo llamó rabí. Su entendimiento natural hasta allí lo llevó.
Nicodemo no se equivocaba sobre el origen de Jesús, así lo confirma su expresión: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Jesús no necesitaba confirmar esa verdad y no lo hizo. Al contrario saltó al tema que resulta de ello.

Es decir, Jesús no se detuvo para decirle a Nicodemo: claro soy enviado de Dios, sino fue a la implicación que esa verdad tiene, Nicodemo no entendía ante quien estaba, es decir que Jesús es el Mesías y en consecuencia es Dios algo y por ello, algo tiene que suceder en la vida de las personas que le siguen.

Llegar a conclusiones sobre la persona de Jesucristo desde la razón es valioso e importante, pero para que tenga repercusiones en la vida de los que llegan a ese tipo de conocimiento tiene que haber un paso más y ese paso es el nuevo nacimiento o la regeneración, es decir la transformación interna del hombre.

De nada servían todos los ritos hebreos, sin ellos no se lograba la mutación del corazón, si la parte interna no era renovada y eso solo se podía y se puede lograr en Cristo. El reino de Dios o el reino de los cielos tiene como requisito nacer de nuevo o nacer de arriba, como traducen otras versiones.

Mientras Nicodemo pensaba que al reino de los cielos los judíos entrarían en automático, Jesús le planteó la necesidad de la regeneración para verlo y entrar en él.

El vital camino de los natural a lo espiritual
Para participar de la regeneración
A. Que cambie nuestra perspectiva de Cristo
B. Que surge de nacer de nuevo
C. Que nos hace como el viento

El hombre está muerto espiritualmente. No puede ser bueno porque el pecado ha truncado la imagen de Dios en su existencia, la única forma de recuperar su condición de criatura hecha a la imagen y semejanza de Dios es a través de la regeneración, operada por obra y gracia del Espíritu Santo.

A. Que cambie nuestra perspectiva de Cristo

Nicodemos dedujo lo que a todas luces podía hacer cualquier persona de su tiempo: Dios estaba con Jesús. Lo había descubierto el propio hombre ciego de nacimiento que había sido sanado por Jesús. Las proezas de Cristo eran y son impensables no solamente si Dios no estaba con él, sino también si no era Dios. Un ejemplo de esto último: perdonar pecados.

Hoy en día hay muchísimas personas que saben quién es Jesús. De hecho hasta lo pueden proclamar, pero como un maestro sorprendentemente conocedor del corazón humano.
Pero Nicodemo tenía claro que iba a Cristo porque era un maestro. Se lo dijo en dos ocasiones, primero como rabí y luego como maestro. En el texto griego aparece trasliterada la palabra “rabi” y “didaskalo”, se usa como maestro. En otras palabras utilizó el título hebreo para quienes enseñaban y el sustantivo que define a quienes son pedagogos.

Pero hasta allí no pudo más. Se quedó en la orilla y Jesús tuvo que tomar de inmediato el control del diálogo para llevarlo a la necesidad de nacer de nuevo o ser regenerado para entender en primer lugar frente a quien estaba. La regeneración tiene la virtud de corregir nuestra deficiente apreciación de Cristo.

B. Que surge de nacer de nuevo

El nuevo nacimiento fue un tema que Jesús hiló junto con el tema del reino de los cielos con Nicodemo. Y se lo planteó de la siguiente manera:

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,espíritu es.

Para comprender estas palabras es necesario hacer una clara distinción con el nacimiento natural de los seres humanos: la vida se gesta en el vientre materno y cuando es concebido y nace es un nuevo ser humano que llamamos recién nacido de igual manera cuando una persona nace de nuevo tiene una nueva existencia, pero ahora en Cristo.

Nicodemo no pudo entender las palabras de Jesús porque pensó de manera estrictamente física. No espiritual, pero Jesús estaba hablando en términos espiritual, el hombre necesita, requiere y le urge regenerarse, nacer de nuevo o nacer de arriba y es fundamental porque solo de esa manera puede ver y entrar en el reino de los cielos.

El hombre tiene que nacer del agua y del Espíritu. El agua muchos lo asocian al bautismo, pero al referirse al Espíritu todos coinciden en la labor del Espíritu Santo marcada en Juan 16: 8 que dice: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

Pablo escribe más detalladamente al respecto en Tito 3: 5 “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” El Espíritu nos regeneró, no nos hizo nacer fisicamente de nuevo, sino que tomó de lo que ya éramos y nos lavó con agua.

Hablando en términos figurados con respecto al agua, nos dio nueva vida, para ver y entrar en el reino de los cielos, algo que Jesús quería que Nicodemo entendiera y que Juan cuando escribe su evangelio nos hace tener presente esa verdad para saber que necesitamos la regeneración.

C. Que nos hace como el viento

Jesús le dice a Nicodemo que los nacidos de nuevo o regenerados son como el viento. La regeneración ocurre es lo profundo del corazón de una persona, lejos de los ojos humanos, distante de la comprensión limitada de las personas, pero sus efectos se notan, jamás pasan desapercibidos.

Y justamente allí es donde entra el ejemplo del viento. Nadie lo ve, no se sabe si va o viene, pero sus efectos los conocemos cuando mueve los arboles o cuando derriba por su fuerza techos y anuncios colgados en lo alto. El nacido de nuevo es así, no podemos ver lo que sucedió en su ser interno, pero los efecto sí.

Su amor al prójimo, su bondad ante el indefenso y sobre todo su amor con todas sus fuerzas, mente, corazón y alma a Dios es la manifestación clara y contundente que algo pasó con su vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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