La Biblia dice en Gálatas 4:16

“Y ahora, ¿acaso me he vuelto enemigo de ustedes, solamente porque les he dicho la verdad?”

Los mexicanos solemos decir: La verdad no peca, pero incomoda, para expresar que hablar verdad o conducirse con verdad siempre resulta molesto, sobre todo para quienes quieren o aman vivir en la mentira, la simulación o la hipocresía, para todos ellos la verdad resulta odiosa, oprobiosa y muy enfadosa.

De hecho una persona que se conduce con veracidad en sus relaciones llega a molestar tanto que quienes se sienten ofendidos por lo que dice o habla lo llegan a considerar su enemigo debido a que no les solapa sus mentiras, exhibe sus falsedades o sencillamente expone lo que cierto ante lo falso o plastificado.

Y en esa condición parece que había caído Pablo con sus muy queridos hermanos de la iglesia de los Gálatas, a quienes tuvo que corregir de manera muy severa y mostrarles la verdad de Jesucristo ante las mentiras de los falsos maestros que les desviaban enseñándoles que debía circuncidarse y guardar otras tantos mandamientos inaplicables de la ley en la iglesia.

El apóstol no los insultó, tampoco fue grosero con ellos y mucho menos los ridiculizó para que despertaran frente al eñgaño del que estaban siendo objeto, pero algunos de ellos se sintieron ofendidos y vieron a Pablo como enemigo, como adversario, cuando su única intención fue la de traerlos a la verdad de nueva cuenta.

Pero los Gálatas nos enseñan uno de los grandes males que aquejan a la humanidad cuando alguien los expone a la verdad. Jesús lo dijo muchas veces y de muchas maneras. Nadie es profeta en su propia tierra, dijo el Señor al reconocer que la gente dificilmente acepta que alguien de su mismo lugar pueda sobresalir, en esta caso, pueda decirles la verdad.

Pero escuchar la verdad es vital para todos aquellos que no quieren vivir en la mentira o la falsedad. En esta misma carta Pablo corrigió a Pedro y a Bernabé que simulaban, es decir, mentían y lo hizo diciéndoles la verdad y no por ello dejaron de ser sus amigos, porque decir la verdad tiene como fin edificar. La verdad no destruye, vitaliza.

En cambio la mentira enferma, pudre y termina matando. No sea usted entonces de los que se enojan porque le digan la verdad. No sea de los que vuelve en enemigos a quienes le hacen ver que viven en la falsedad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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