La Biblia dice en Proverbios 30:10

“No acuses al siervo ante su Señor, no sea que te maldiga, y lleves el castigo.”

El proverbista ordena a sus lectores ser cuidadosos y evitar acusar a un empleado ante su patrón. Algunas versiones traducen como murmurar en lugar de acusar, lo que nos permite asumir que lo que está se está pidiendo es evitar hablar mal de un trabajador ante quien lo ha contratado.

La razón por la que solicita que evitemos este tipo de conducta es porque el obrero puede volverse contra nosotros y maldecirnos y padecer las consecuencias de una persona iracunda que nos devolverá nuestras palabras al doble o al triple de dureza y eso nos puede dañar grandemente.

De esta forma Salomón nos previene de inmiscuirnos en una relación empleado-empleador en la que nada tenemos que hacer. Los seres humanos somos muy dados a meternos en relaciones en las que nada tenemos que decir y mucho menos hacer porque corresponde exclusivamente a los involucrados.

El razonamiento es sencillo: a ti qué te afecta lo que haga un trabajador, si al final de cuentas el perjudicado no eres tú, sino su patrón. La mejor actitud que uno puede asumir es la de respetar porque si las acciones de los obreros son graves, tarde o temprano su empleador la descubrirá y ellos pagarán las consecuencias.

En una amplia interpretación de este verso podemos decir que debemos abstenernos de entrometernos en relaciones en las que no tenemos nada que hacer por ejemplo: la de los padres e hijos, el esposo y esposa y otras a donde no nos han llamado porque saldremos dañados grandemente.

El proverbista quiere evitar que perdamos innecesariamente nuestra tranquilidad por habernos involucrado justo donde no nos llaman. Quiere que cortemos de tajo esa perniciosa inclinación de ser intrusos en lugares donde las personas no nos han convocado y provocar un conflicto innecesario.

Nos debe quedar claro que el metiche siempre pagará por su incontinencia verbal entre dos personas que no lo han llamado o pedido su opinión. El entrometido terminará maldecido y pagará por ello.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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