La Biblia dice en Romanos 12:11

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.”

La forma en que desarrollamos nuestra actividades en el trabajo, hogar, escuela o cualquier sitio revela mucho de lo que somos como personas. En el caso de lo que hacemos en la iglesia o por la iglesia es sumamente elocuente del grado de compromiso personal que hemos adquirido con el Señor.

A diferencia de otras actividades, las que se hacen por Dios deben hacerse con la actitud adecuada. Pablo le escribe la carta a los Romanos para pedirles que eviten la pereza a la hora de acometer una acción a favor del cuerpo de Cristo. La obra de Dios es demandante y la flojera es incompatible con ella.

Todo lo contrario, exige diligencia que se traduce como esfuerzo, decisión, determinación, trabajo con empeño. La razón por la que se les pide a los creyentes asumir esta actitud radica en que trabajar para el Señor o en las cosas de Dios constituye un privilegio y no una obligación. Las cosas de Dios, entonces, se deben hacer con diligencia sin pereza.

Pero además de hacerse con esta actitud, también deben llevarse a cabo con fervor. Algunas versiones de la Biblia en lugar de usar la palabra fervor optan por utilizar la expresión entusiasmo. El entusiasmo involucra además de empeño y dedicación, el mejor de los ánimos para hacer lo que se tenga que hacer.

Todos los trabajos tienen un carga, incluyendo el que se hace por la iglesia o por el Señor. Sin embargo, Pablo escribe para pedirnos que cuando tengamos la oportunidad de hacer algo por los demás o por la iglesia lo hagamo con la actitud correcta y nos deshagamos de la pereza y de la pesadez o mala actitud.

La cultura romana tenía en muy alta estima la disciplina, el esfuerzo y la valentía. De hecho la fuerza militar de ese imperio fue la causa de su expansión. Cuando Pablo les escribe el verso que hoy meditamos les esta poniendo el ejemplo de lo que deben hacer ellos con todo lo relacionado con la iglesia.

En la iglesia se trata de trabajar duro. No hay cabida en el cuerpo de Cristo para la pereza y el trabajo por más duro que sea debe hacer con entusiasmo, nunca con desgano. Ese es el llamado de Pablo a todos los creyentes: entusiasmo por la obra de Dios.

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