La Biblia dice en Éxodo 21:6

“Entonces el amo lo llevará ante Dios, lo arrimará a la puerta o el marco de la puerta, y con un punzón le atravesará la oreja. Así será esclavo suyo para siempre.”

La esclavitud estaba permitida entre los hebreos, pero regulada. Los judíos solo podían ser esclavos por seis años ya que al séptimo tenían que ser liberados para que retornaran a su hogar y disfrutar la libertad que es el bien más grande que los hombres pueden tener sobre esta tierra porque el hombre fue creado para ser libre.

El libro de Éxodo plantea todas las hipótesis que se podían presentar cuando un hombre era siervo de otro hombre y plantea siempre la necesidad de ser compasivo y benevolente, de ayudarlo a obtener su libertad y tratarlo siempre con humanidad, evitando lastimarlo, pero si eso sucedía había que liberarlo o reparar el daño causado.

Entre ellas uno encuentra la que nos señala el texto que hoy reflexionamos que ocurría cuando un esclavo quería permanecer con su amo a causa de su familia que obtuvo mientras le servía. El podía irse al cabo de seis, pero como su dueño le había dado mujer y ella había tenido hijos, tanto esposa como hijos se tenía que quedar.

Pero si él amaba a su familia, entonces, podía pedirle a su amo que no lo despidiera porque se quería quedar con él a causa de su familia. En ese caso se hacía una ceremonia en la que le horadaban o le hacían un hoyo en una de sus orejas para que de esa forma la gente supiera que era un esclavo para siempre.

Era un dura decisión porque no tenía posibilidad de salir ya del dominio de su patrón, pero era un acto nacido del amor a su familia. El hombre renunciaba a su libertad para estar con los suyos. Estar con los que amaba. El sacrificio valía la pena por los grandes beneficios que venían a su vida.

Esa figura nos auxilia a nosotros para comprender la importancia de convertirnos en esclavos para siempre del Señor con la motivación correcta: el amor. Dios nos ha demostrado una y otra vez que nos ama y en reciprocidad debemos convertirnos en sus siervos.

Así lo entendió el apóstol Pablo que en todas sus cartas se presentó siempre como un esclavo del Señor. Así quería Jesús que lo entendiéramos cuando lavó los pies de sus apóstoles y nos dejó instrucción para imitarlo. Pero todo ello con la actitud correcta: por amor. Somos esclavos de Dios por amor.

Nunca debemos olvidar que la mejor manera de gozar de la verdadera libertad es sometidos a Dios, fuera de sus gobierno nosotros terminamos como esclavos de nuestros propios deseos y a la larga vivimos encadenados a la maldad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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