La Biblia dice en Proverbios 21:30

“El hombre prepara el caballo para entrar en batalla, pero el Señor es el quien da la victoria.”

Dios pelea por nosotros, el Señor extiende su diestra de poder y derrota a nuestros adversarios, el Creador dispersa a quienes nos quieren hacer daño, pero a nosotros nos corresponde vivir piadosamente y estar listos para hacerles frente, pero todo el crédito es del Señor.

El proverbista busca concientizar a sus lectores de los factores indivisibles para alcanzar triunfos en la vida, en primer lugar estar listos y conscientes de que hay batallas y esas batallas se han de ganar con preparación. No se llegará a ningún lado si las personas no está alistadas.

La improvisación no lleva a ningún lado. Cruzarse de brazos y esperar que Dios haga todo es incompatible con la perspectiva salomónica de hacer a un lado la indolencia, la abulia que es la falta de energía que nos lleva a la apatía e indiferencia para asumir nuestro lugar en las luchas en esta vida.

Dios nos quiere ayudar siempre, pero en ocasiones somos nosotros quienes no nos queremos ayudar. Dios está dispuesto en todo tiempo para colaborar con nosotros a fin de llevar a buen puerto nuestros planes y proyectos, pero debemos presentarnos listos para acometerlos con presteza.

De lo siguiente él se encarga. De todo aquello que estorba nuestros planes, de los diques que se levantan para seguir avanzando él siempre se hará cargo para dinamitarlos y permitir que pasemos y lleguemos a buen puerto.

El proverbista desea que nosotros tengamos presente que la victoria es de él, de no llenarnos de altivez y arrogancia, pensando que somos nosotros o nuestra inteligencia la que hace posible derrotar a nuestros adversarios y adversidades, sino su poderosa mano posada en nuestra vida.

Nos quiere llevar Salomón al esfuerzo máximo de parte nosotros, pero a la mayor de las humildades reconociendo que sí bien hicimos un parte todo se lo debemos al Señor. Nada obedece a nuestra propia fuerza, sino al auxilio, ayuda y apoyo del Señor para nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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