La Biblia dice en Gálatas 1:11

“Sepan ustedes esto, hermanos: el evangelio que yo anuncio no es invención humana.”

Los judaizantes pelearon duramente con Pablo. Para ellos el mensaje de la gracia en el evangelio de Cristo Jesús era inaceptable porque quería a la fuerza que los nuevos creyentes gentiles se sometieran a los preceptos meramente humanos de la ley judaica que ni ellos mismos cumplían.

Y al no poder detener el ministerio de Pablo recurrieron a la calumnia como suele suceder con todos aquellos que ante la evidencia de sus yerros recurren a lo más fácil: la difamación que es el recurso de los fracasados, de quienes al ver afectados sus intereses con la verdad inventan mentiras que luego propagan como si fueran las grandes verdades.

Los enemigos de Pablo descalificaron al apóstol poniendo en tela de juicio su apostolado con un argumento falaz: Saulo de Tarso no fue de los doce. No estuvo con Jesús en su ministerio, ni conoció de primera mano las enseñanzas del Señor y por lo tanto su predicación carecía de autoridad, decían perversamente.

Se regodeaban con esa crítica. Se sentían muy satisfechos de pensar que así dañarían el ministerio que el Señor le había dado a Pablo, pero nada de eso les funcionó porque los frutos de la labor de Pablo crecía en todo el imperio romano, pero Pablo consideró necesario salir al paso de esos engañosos señalamientos.

En la carta a los Gálatas Pablo puntualiza el origen de su predicación. Y lo hace de manera precisa: las buenas nuevas que predico no es una invención humana, les dijo para establecer con toda claridad y de manera categórica que sus enseñanzas no nacieron de sí mismo y tampoco de los discípulos que anduvieron con Jesús, sino de Cristo mismo.

Pablo, a diferencia de sus hermanos apóstoles, predicaba un evangelio que había recibido directamente por revelación de Jesucristo. La experiencia en el camino a Damasco no solo le cambió la vida para siempre sino que lo llevó a conocer de manera personal y directa a su Salvador y merced a su conocimiento del Antiguo Testamento entendió perfectamente quién era Jesús.

A Pablo no le intimidó que le dijeran que él no había andado con los doce. “Su evangelio” tenía el mismo nivel que el de ellos porque su origen era el mismo: Jesús como fuente de enseñanza y una experiencia personalísima e intensa con el Salvador que lo convenció por completo de la verdad que predicaba.

Mientras los judaizantes los difamaban, Pablo continuaba con su predicación, a pesar de adversarios y adversidades porque él tuvo una experiencia personal con Cristo y su palabra.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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