La Biblia dice en Marcos 1:34

“Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían.”

El evangelio de Marcos destaca y subraya la experiencia que Jesús tuvo con las personas endemoniadas que encontró durante su ministerio. El segundo evangelio es enfático en los primeros nueve capítulos sobre esta realidad impactante de hombres y mujeres poseídos por espíritus malignos.

El ministerio exorcista de Jesús es relatado por Marcos hablando del hombre con espíritu inmundo en la sinagoga de Capernaum y el endemoniado gadareno que fueron liberados por el Señor y en ambos casos, como en muchos otros, no dejó hablar a los demonios que se habían apropiado de la vida de esos infelices seres.

De hecho en el evangelio de Marcos encontramos una y otra vez la frase: Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios para recalcar que Jesús dedicó una parte de su misión a liberar a los cautivos del maligno y devolverles la dignidad que habían perdido.

Fue tal su poder sobre las fuerzas espirituales oscuras que usados por el diablo los fariseos asociaron a Jesús con el maligno al calumniarlo diciendo que por Beelzebú echaba fuera a los ángeles caídos que se introducían a la vida de las personas porque ante esa clase de manifestación del poder de Dios ellos no sabían qué decir.

Pero Jesús usó el poder que Dios le había dado para mostrar solo que en su nombre es posible romper las cadenas, liberar cautivos, destruir la iniquidad espiritual y desterrar al maligno de la vida de las personas. Esa es la clase de autoridad que Jesús tiene ante el mundo espiritual.

Un mundo que se quiera reconocer o no allí está. Jesús vino al mundo a enseñarnos que los hombres y mujeres pueden estar dominados por espíritus inmundos y que solo en su nombre es posible echarlos de la vida de las personas porque hacen de su existencia una experiencia miserable porque carecen de voluntad y son llevados por doquier.

Celebramos el poder de Cristo. Nadie como él para derrotar al maligno. Su fuerza y grandeza hacen posible la libertad de la influencia del diablo y esa será una de las muchas razones por las que siempre lo adoraremos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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