La Biblia dice en Joel 2:13

“¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios, y desgárrense el corazón en vez de desgarrarse la ropa! Porque el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre ha levantar su castigo.”

Los judíos exteriorizaban de una manera muy singular su pesar ante una tragedia, ante un pecado que ofendía a Dios o ante un hecho que los conmocionaba: se rasgaban las vestiduras. Es una práctica que encontramos tempranamente entre los patriarcas: Jacob se desgarró su vestimenta cuando le mintieron sobre la muerte de José.

Se rompió su túnica Rubén cuando no vio a José en el foso donde habían arrojado a su hermano José. Hizo lo propio Job cuando cayó en desgracia y así desde entonces los hebreos acostumbraron esa práctica como señal de tristeza, pero de tanto hacerla de pronto perdió su toque genuino y se convirtió en una pose más que en algo sincero.

En los tiempos de Joel era común ver a personas en la tierra de Israel rasgándose sus vestiduras, de tal forma que el profeta les pidió que en lugar de desgarrarse la ropa se desgarraran en corazón. Lo que el vidente de Dios les estaba pidiendo a sus compatriotas que dejaran la simulación para vivir sinceramente delante de Dios.

Lo que Jacob y Job habían hecho con tanta vehemencia y con tanta indignación, los judíos del tiempo de Joel la habían convertido en un espectáculo para los demás. En lugar de sincerarse con Dios les interesaba más el aplauso de quienes contemplaban la forma en que se rasgaban las vestiduras.

Las palabras del profeta Joel nos sirven para reflexionar sobre la necesidad de evitar a toda costa la tentación que todos tenemos de ser vistos por las personas y tratar de agradarlos o impresionarlos a ellos más que Dios. El verso que hoy meditamos nos ayuda a pensar en lo importante que debe ser Dios para nosotros que conoce todas las cosas.

El autoengaño y la simulación ante los demás son acciones que Dios reprueba porque revela el interés de impactar a los demás con una falsa piedad, en lugar de conmover el corazón del Señor mediante una actitud sincera y genuina. La hipocresía es algo tan triste para el Creador porque es tratar de engañarlo.

Dios conoce perfectamente nuestras motivaciones. Vivamos de tal manera que con lo que hagamos lo honremos a él y no tratemos de impresionar a los demás o buscar el reconocimiento por nuestra piedad. Al final de cuentas el único que merece toda honra es Dios y a él debemos enfocar nuestras motivaciones.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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