La Biblia dice en Gálatas 2:4

“Algunos falsos hermanos se habían metido entre nosotros a escondidas, para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y hacernos otra vez esclavos de la ley.”

Así denominó Pablo a los judaizantes que inquietaban a las comunidades cristianas que habían fundado intimidándoles para que además de creer en Jesucristo cumplieran con todas las ordenanzas estipuladas en la ley mosaica, cuando ni ellos mismos lograban poner por obra los mandamientos de la Torá hebrea.

Falsos hermanos, en greigo pseudo adelfos, que se habían metido a escondidas, haciendose pasar por verdaderos creyentes, pero que en realidad tenían otras motivaciones y en consecuencia intenciones completamente distintas a las que Jesús enseñó en su ministerio y que Pablo enseñaba entre los gentiles.

Nos queda claro que desde tiempos de la iglesia primitiva ha existido esta clase de personas que entran a la iglesia por motivos completamente diferentes a los que se espera de quien se adentra a la casa de Dios para aprender virtudes, corregir conductas equivocadas y mostrar amor hacia los demás.

No nos dice Pablo cómo los descubrió, solo señala con toda seguridad que sabía de su presencia y por eso alertó a los creyentes de Galacia para que tuviera mucho cuidado con esta clase de personas porque tenían como objetivo central robarles la libertad que Cristo había alcanzado para ellos.

Entendemos con estas palabras de Pablo que al interior de la iglesia pueden presentarse personas con apariencia de piedad, pero que definitivamente, como dice el propio apóstol negarán la eficacia de ella y se dedicarán exclusivamente a perturbar, molestar y tratar de desviar a los verdaderos creyentes.

Pablo quiere que estemos alertas, seamos precavidos y tengamos mucha astucia para distinguir a este tipo de personas para no dejarlos proseguir en sus intenciones que nacen de una equivocada concepción de la vida cristiana que tiene como finalidad una limpia conciencia y una fe nacida de un corazón sincero.

Los verdaderos creyentes vivirán en libertad, mientras que los falsos no dejarán la esclavitud de sus prejuicios y siempre buscarán a otros para arrebatarles la libertad que Cristo ganó para todos nosotros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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