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lunes, junio 21, 2021
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Fervor mal encauzado

La Biblia dice en Romanos 10:2

“Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.”

Pablo escribe dos capítulos completos en la carta a los Romanos para hacernos comprender la realidad espiritual de Israel en los tiempos de la iglesia. El apóstol tiene mucho interés en aclarar la situación de la nación escogida por Dios y que gracias a ella la salvación vino en la persona de Jesucristo.

En ese par de capítulos nosotros encontramos definiciones, principios y advertencias para la iglesia de no mofarse de la incredulidad de los hebreos en estos tiempos y sobre todo descubrimos que el tiempo de los gentiles no es para siempre. La gracia tiene una fecha de caducidad que dará pie a la entrada a la salvación de los israelitas.

Entre otras muchas verdades contenidas en ese pasaje del Nuevo Testamento encontramos el texto que hoy meditamos. Pablo dice que sus compatriotas tienen “celo de Dios, pero no conforme a ciencia.” Otra versiones traducen esta frase de la siguiente forma: “un gran entusiasmo por Dios, pero es un fervor mal encauzado.”

Pablo sabía bien de lo que hablaba. Desde la crucifixión de Cristo, pasando por la muerte de Esteban y algunos apóstoles que murieron a martirizados, los judíos dieron muestras excepcionales de cómo defendían su fe. Su celo o su profundo deseo de servir a Dios los llevó a estas expresiones violentas, pero equivocadas.

El celo de Dios es una virtud que se desarrolla merced al conocimiento de la Escritura y a una ferviente devoción en oración con el Señor, pero debe siempre tenerse precaución a la hora de manifestarla porque puede incluso en lugar de hacer un bien, dañar a personas inocentes o que no tienen nada que ver con el objeto del celo.

Cuando Cristo echó del templo a los cambistas y vendedores de animales lo hizo impulsado por el celo del Señor. O cuando Finees, hijo de Eleazar lleno del celo del Señor destruyó a los pecadores judíos que fornicaban con las mujeres de Moab, fueron impulsados por el propio Señor.

El fervor que sentimos por las cosas de Dios debe estar siempre encauzado porque de lo contrario correrá el riesgo de parecer fanatismo y en lugar de provocar el temor y respeto al Señor, solo servirá para que la gente se burle de nuestra fe y en consecuencia en lugar de acercarse a Dios, rechace las buenas nuevas.

Pablo sabía perfectamente de lo que hablaba. El estuvo presente en la muerte de Esteban. De hecho fue de los testigos que autorizaron la muerte del primer mártir de la iglesia, pero reconoció su gran equivocación y una vez convertido al cristianismo tuvo también celo de Dios, pero ahora bajo el control y dirección del Espíritu Santo.

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