La Biblia dice en Isaías 40:29

“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas del que no tiene ningunas.”

Los seres humanos nos cansamos de vivir. Cuando se pierde la esperanza, cuando la realidad abrumadora de este mundo nos sobrepasa y cuando las circunstancias parecen habernos derrotado para siempre, perdemos la capacidad para seguir caminado y luchando por nuestros sueños e ideales.

El entusiasmo para emprender proyectos, el optimismo para trazar objetivos y dar pasos para alcanzarlos encuentra a su peor enemigo en el desánimo y desaliento que de tiempo en tiempo toca a la puerta de nuestra vida y nos hace pasar muy malos momentos porque perdemos la alegría para hacer las cosas.

El profeta Isaías consciente de esta verdad escribe una de las más hermosas promesas que Dios nos ha dejado en su palabra. El Señor promete, en primer lugar, darle esfuerzo al cansado. Es decir, Dios se compromete a reanimarnos cuando hemos perdido fuerzas por el esfuerzo extenuante con que hemos vivido.

Porque hay situaciones en la vida que nos exigen dar más allá de nuestras fuerzas. Una enfermedad, la pérdida de un ser querido o una gran contrariedad nos restan potencia para seguir viviendo. Eso es innegable y sí queremos seguir caminando, pero ya no tenemos vigor para hacerlo. Dios nos asegura nuevos bríos.

Pero también, en este verso que hoy meditamos, el Creador promete darle fuerzas al que las ha perdido todas. Se trata de ayudar a aquellos a quienes las adversidades les han puesto en tal condición de debilidad que urgentemente necesitan una intervención sobrenatural en sus vidas para recuperar el aliento y seguir en la carrera.

Y es que los seres humanos podemos perder fuerzas y quedar reducidos a casi nada de ganas de seguir caminando o de plano perder todo vigor y entonces necesitamos el auxilio inmediato de Dios para retomar proyectos, para volver con entusiasmo a lo que hacíamos para el Señor.

La travesía cristiana es larga y a veces muy cansada. Cuando desfallecemos por tanta carga en nuestras vidas podemos recurrir al Señor para una renovación de fuerzas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario