La Biblia dice en Éxodo 38: 26

Todos los empadronados mayores de veinte años fueron seiscientas tres mil quinientas cincuenta personas, y cada uno de ellos dio cinco gramos y medio de plata, según el peso oficial del santuario.

Para la construcción del tabernáculo en el desierto se emplearon grandes cantidades de oro, plata y bronce. Moisés tuvo el cuidado de registrar la cantidad de los que se utilizó en esa obra: casi una tonelada de oro, tres toneladas y media de plata y casi dos toneladas y media de bronce. 

La forma en la que se recogió la plata fue mediante un padrón de adultos mayores de veinte años que aportaron cinco gramos y medio para reunir las tres toneladas y media de plata. No se dice si se siguió con esa misma fórmula para recaudar el bronce y el oro, pero muy probablemente sí.

Las aportaciones para la construcción del tabernáculo revela grandes y aleccionadoras verdades para todos. En primer lugar que la obra del Señor se hace con el esfuerzo de todos. Nadie puede ni debe quedar exento en esta clase de proyectos en los que se construye un lugar para adorar a Dios. 

También que hasta cierta edad las personas no pueden aportar. Cuando son menores de edad se justifica que no puedan o no tengan con que aportar, pero fuera de esa condición todas las personas están en condiciones de desprenderse de un poco de lo que tienen para dar a la obra del Señor. 

Moisés registró las aportaciones para dejar constancia y transparencia de lo que hacía. No se trató solo de pedir y pedir sin explicar el destino de lo que se recibía a fin de justificar a donde fue a parar todo el oro, la plata y el bronce que los hebreos dieron para la tienda de reunión como le llamaron también al tabernáculo.

El libro de Éxodo recoge la generosidad de un pueblo que recién había salido de la esclavitud, pero que se desprendió de sus bienes para construir la casa del Señor que fue ordenada por Dios. Se trató de una espectacular ofrenda que dieron para un bien común desprendiéndose del egoísmo que todos padecemos cuando de dar se trata. 

Dar más allá de lo que tenemos es sinónimo no solo de un corazón generoso, sino de una dependencia total al Señor, quien, al final de cuentas, es el dueño de todo lo que tenemos, incluso, nuestra vida. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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