La Biblia dice en Salmo 79:13

“Y nosotros, que somos tu pueblo, que somos ovejas de tus prados, gracias te daremos siempre, ¡cantaremos tus alabanzas por todos los siglos!”

Los salmos y toda la Biblia en general destaca la frase pueblo de Dios para referirse en primer lugar a Israel como una nación elegida por Dios para distinguirla entre cientos de pueblos y naciones que hay en el mundo y también la frase se usa para referirse a la iglesia como objeto de la elección divina de hombres y mujeres.

No es lo mismo porque ni Israel suplanta a la iglesia o es más relevante, ni a la inversa: la iglesia no es Israel, ni tampoco suplanta a Israel. Lo cierto es que el pueblo de Dios puede estar integrado tanto por gentiles como por judíos en una obra milagrosa de parte del Señor para hacerse de un pueblo inmenso en este mundo.

La frase ovejas de tus prados sigue el mismo tratamiento de parte del Señor. Dios recoge a los salvos y los convierte en el objeto de su cuidado y protección exactamente igual que hace un pastor con sus ovejas a quienes concentra en un prado donde pueden pastar y descansar siempre a la vista y resguardo.

El salmista une ambas frases “pueblo de Dios” y “ovejas de tus prados” para resaltar la exclusividad que demanda Dios, pero también la determinación divina de proveer alimento y cuidado a quienes deciden vivir al amparo de sus alas, renunciando a la impiedad y la queja por los desafíos que vienen de diferenciarse por completo de otros pueblos.

Y menciona también dos características peculiares de quienes pertenecen a estas dos categorías: gratitud y adoración. Eso es lo que distinguen a quienes conocen a Dios y se asumen como integrantes de su pueblo y objeto de su amor. Le agradecen a Dios bienes y males y le adoran en las buenas y en las malas.

La gratitud es un virtud que se cultiva y nace del reconocimiento sincero de que todo los bienes y aun males que se reciben en esta vida vienen de Dios y que no cambian ni transforman la concepción de que Dios es bueno y la adoración es también una actitud que hace colocar a Dios en su justa naturaleza.

El salmo setenta y nueve fue escrito por Asaf quien no rehúye de la realidad que se vive con nuestra fe. La fe a veces se enfrenta a situaciones en las que parece que los incrédulos viven mejor y en otras en las que parece que el mal se enseñorea aun de los piadosos, pero en medio de todo ello la gratitud y la adoración no debe desaparecer sino permanecer por siempre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario