La Biblia dice en Juan 1:37

“Los dos seguidores de Juan lo oyeron decir esto, y siguieron a Jesús.”

Uno de esos dos discípulos de los que habla Juan en su evangelio era Andrés, hermano de Simón Pedro. Antes de que Jesús apareciera en Betabara para ser bautizado estos dos hombres habían comenzado a seguir las enseñanzas de Juan el Bautista, pero cuando oyeron a su maestro definir a Jesús como el Cordero de Dios comenzaron a seguir a éste.

El desprendimiento de dos de sus seguidores no causó ni molestia ni tristeza al Bautista porque estaba consciente de que él tenía que menguar y Cristo crecer, por eso cuando vio que dos de sus simpatizantes lo abandonaban para seguir al Señor Jesucristo no hizo ninguna clase de objeción.

Estos dos personajes tomaron la mejor decisión sin saber que el ministerio de Juan el Bautista estaba por terminar, ya que unos meses después sería detenido, encarcelado y ejecutado por Herodes el tetrarca, incitado por su concubina Herodías, ya que la pareja era señalada por su inmoralidad al ser cuñados y vivir en concubinato.

Ellos dejaron a Juan para seguir a Jesús, una decisión difícil porque estos dos discípulos comenzaron a oír la palabra de Dios a través de este varón santo, entregado y apasionado por hacer volver las almas al Señor, sin embargo ahora tenían ante sí al Verbo encarnado, es decir a la Palabra misma revelada en la persona de Cristo.

Su actitud es bastante aleccionadora para nosotros porque nos enseñan que es necesario crecer, que siempre es indispensable avanzar en nuestro crecimiento espiritual, aun cuando para ello tengamos que dejar lo que para nosotros fue lo mejor o lo primero que escuchamos. Ni la nostalgia ni el apego deben detener nuestro desarrollo en la fe.

Hacia donde vayamos siempre debe ser hacia delante, nunca debemos retroceder y la mejor manera de no fallar en una clase de decisión de esta naturaleza es ir detrás de Jesús porque si lo hacemos el resultado está garantizado y no tropezaremos ni fracasaremos en nuestros planes y proyectos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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