La Biblia dice en Nehemías 4:16-23

16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. 20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. 21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse.

Introducción

Hace dos mil quinientos años aproximadamente los judíos tuvieron que trabajar armados y prevenidos contra cualquier ataque que podían sufrir por sus enemigos que vieron con recelo que después de setenta años retornaban a su tierra para reedificar las murallas y el templo de Jerusalén.

Encabezados por tres líderes Esdras, Zorobabel y Nehemías los hebreos de hace 25 siglos enfrentaron una dura oposición que les llevó a edificar sus muros en medio de una creciente presión y oposición, lo que los llevó a hacer esa tarea confiando profundamente en Dios, pero también prevenidos y armados de lanzas, escudos, corazas y arcos.

Hoy otra vez la historia se repite. Los judíos tienen que defenderse de sus adversarios en una historia que parece interminable, pero que al revisar el pasado del pueblo hebreo sabemos que Dios los hará salir victoriosos como siempre ha sido y a pesar de las dificultades y problemas ellos vencerán.

La historia que hoy estudiaremos nos sirve, además de lección sobre la seguridad que podemos tener en Dios, para la obra de Dios se debe hacer con entusiamo y no debe cesar a pesar del peligro que implique llevarla a cabo y que en ocasiones tendremos que llevar al extremo nuestras fuerzas.

Nehemías nos ha dejado constancia de lo que tenemos que hacer en ocasiones: debemos confiar en Dios, sin que eso signifique cruzarnos de brazos, al contrario de tiempo en tiempo tendremos que esforzarnos al máximo. Trabajar y estar alertas. Obrar y ser prevenidos. Hacer la obra de Dios y estar alertas.

No se trata de un acto de falta de fe, tampoco se trata de desplazar a Dios de su lugar, sino más bien de una actitud de mucho esfuerzo por la obra del Señor, sin importar que hagamos que trabajemos al doble o que vayamos de lo ordinario a lo extraordinario. En ocasiones necesitamos trabajar por Dios hasta el último gramo de fuerza.

Hasta el último gramo de fuerza por Dios
A. Trabajando incansablemente
B. Viviendo preparados
C. Sin claudicar

En esta sección del libro de Nehemías encontramos de manera reiterada que los judíos trabajaban y edificaban. Esas dos palabras las encontramos al menos seis veces, siempre acompañada de las palabras lanza, escudos, arcos, corazas y espada. Ese es un hecho muy significativo.

Luego la otra palabra que encontramos en estos versos es “obra”. Nehemías la menciona cuatro veces y en una de ellas dice que era una obra grande. Y vaya que era enorme porque consistía en reconstruir varios kilómetros de una muralla que fue destruida. Para esa empresa se necesitaba algo más que buenos deseos. Se necesitaba mucha determinación.

A. Trabajando incansablemente

Los versos dieciséis al dieciocho dicen así:

16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban.

Nehemías resalta claramente la forma en que los judíos que regresaron del exilio babilónico se avocaron a reconstruir su ciudad. Lo hicieron con una mano a la obra y con otra pegada a su cuerpo porque los árabes, los amonitas y los filisteos que hoy en día son los palestinos debido a que con el paso del tiempo la palabra filisteo devino en palestino se oponían.

Pero esa oposición no era solo de palabra, ellos estaban dispuestos a ir y derribar lo que los hebreos construían y reconstruían. Ante esa situación se vieron en la necesidad de hacer un poco más de lo ordinario y además de hacer la obra tenían que portar sus armas lo que edificaban, los que acarreaban y los que cargaban los materiales que se usaban.

Tomaron esa decisión porque estaban determinados a concluir la obra y por nada dejarían de hacerlo, en un ejemplo de trabajo incansable que nos permite a entender y comprender que ellos querían utilizar hasta el último gramo de fuerza en la obra de Dios, sin importar que eso representaba mayor esfuerzo.

El plan de Nehemías para redificar el muro era ambicioso y necesario y por eso los judíos tomaron la decisión de hacer el mayor de sus esfuerzos. No dijeron como muchos tal vez dirían: O cuidamos o trabajamos. Ellos hicieron ambas cosas. Lo que nos muestra que en ocasiones tendremos que hacer ambas cosas con el desgaste que eso implica.

B. Viviendo preparados

Del verso dieciocho al verso veinte encontramos las siguientes palabras:

y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. 20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.

Los judíos, además de edificar y portar sus armas, tenían que estar alertas por si se les requería en alguno punto del muro que trabajaban. Nehemías retomó el sistema de alerta a través de una trompeta. Les dijo que como estaban dispersos en la muralla que reconstruían, si oían el sonido de trompeta debían concentrarse donde la escucharan.

En otras palabras, ellos tenían que estar preparados por si se les requería en un lugar determinado para pelear contra sus enemigos. No importa si estaban cansados de estar trabajando, ellos debían ir al lugar del llamado y auxiliar a sus hermanos que estaban en peligro.

Definitivamente era llevar al límite de sus fuerzas a estos varones que habían retornado con Nehemías con el único objetivo de hacer por la obra de Dios sin considerar si tenían fuerzas de reserva, lo que nos muestra que en ocasiones tendremos que sacar fuerzas de debilidad para hacer la obra de Dios.

En este texto Nehemías les dice: “Dios peleará por nosotros.”
Lo que resulta sumamente interesante porque significa que si bien Dios pelea por nosotros, nosotros debemos estar preparados o listos para cuando tengamos que aportar nuestra fuerza en un lucha por la obra de Dios. No se trata de que Dios haga todo, en ocasiones se requerirá nuestra voluntad.

C. Sin claudicar

Los últimos versos de nuestro estudio dicen de la siguiente manera:

21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse.

Hay tres acciones que vemos en estos versos: el primero es que todos trabajaban en la obra y tenían sus lanzas desde muy temprano hasta que comenzaba a oscurecer, aproximadamente doce horas, luego en segundo lugar vemos que tenían que velar sobre la ciudad todas las noches como centinelas.

Pero sin duda el tercer aspecto nos deja impactados porque toda la familia de Nehemías y sus siervos que tenía no se quitaban la ropa, sino solamente para bañarse, lo que quiere decir que estaban atentos a cualquier situación que se pudiera presentar ante tantos enemigos de Israel.

Y así cada día sin claudicar porque ellos habían decidido dejar hasta el útimo gramo de fuerza por la obra de Dios.

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