La Biblia dice en Hebreos 11:20

Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras.

Introducción

En catorce palabras la versión Reina Valera 1960 nos ofrece uno de los tantos ángulos que tiene la fe de Isaac, el hijo de Sara y Abraham que nació por la promesa que Dios le hizo a sus padres, y de esa forma nos adentra en asuntos domésticos entre sus hijos gemelos: Jacob y Esaú que nacieron solo por segundos de diferencia.

El primogénito fue Esaú, pero vendió su primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas. Una gravísima falta que solo se puede entender entendiendo que él era un profano, es decir un hombre que no le importaba nada respetar los valores espirituales y las cosas sagradas del Creador.

Jacob tenía claro que la primogenitura tenía un valor incalculable y desde el vientre de su madre peleó por ella. El relato de esta lucha lo encontramos en Génesis 25: 19-26 que dice de la siguiente forma:

19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, 20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo. 21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. 22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. 24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. 25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

El conflicto entre los hermanos iba más allá de quien había nacido primero y le correspondía la primogenitura. La disputa se inscribía en un asunto espiritual. Un asunto de primera importancia para los planes de Dios. Uno de ellos debería de ser el fundador de la nación hebrea. Le correspondía a Esaú, pero Jacob obtuvo la bendición.

Isaac bendijo a los dos, pero fueron diferentes bendiciones. El autor de la carta a los Hebreos nos lleva hacia ese punto para reflexionar sobre los alcances de la fe. La fe no se equivoca. 

La bendición que Isaac le dio a sus hijos sirve como referente para que el autor de la carta a los Hebreos nos hable de una clase de fe muy particular o muy necesaria cuando de la familia se trata. Abraham y Sara no tuvieron problema alguno para bendecir a Isaac porque fue hijo único, pero en el caso de Isaac tuvo dos hijos y gemelos, nacidos el mismo día, mes y año.

Era obvio que por haber salido primero del vientre de su madre, la primogenitura correspondía a Esaú, pero ese privilegio no fue agradecido por Esaú y perdió esa oportunidad de convertirse en el padre de la nación hebrea, responsabilidad que recayó en su hermano Jacob.

El autor de la carta a los Hebreos dice que Isaac bendijo a sus hijos respecto a cosas venideras. La Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce así este texto: 

Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro.

La fe condujo al patriarca Isaac sobre el futuro o lo que vendría en la vida de sus hijos.

La fe de Isaac hizo posible que no se equivocara. La fe tiene esa grandísima virtud: nos dirige de tal manera que frente al futuro incierto habremos de tomar las mejores decisiones. La incertidumbre de lo que será el mañana no existe para la fe. La fe trasciende el tiempo. Para la fe, el futuro incierto no existe. La fe le da certeza a lo que hacemos en el presente.

Isaac bendijo a sus dos hijos. Aunque fue solo una bendición. La principal fue para Jacob y para Esaú fue la confirmación de lo dicho a su hermano. Dice la carta a los Hebreos que el patriarca usó su fe y recalca que la utilizó para enfrentar las cosas venideras o lo que les esperaba en el futuro a sus hijos.

Una fe que se prueba y aprueba

Isaac: Una fe que no se equivoca

I. La bendición de Jacob
II. La bendición de Esaú

La historia que relata el autor de Hebreos la encontramos en Génesis 27: 27-40 que dice así:

Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren. 30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. 31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga. 32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. 33 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. 35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. 36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? 37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. 39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz.

Para comprender lo ocurrido entre Isaac y sus dos hijos Esaú y Jacob debemos saber que el patriarca estaba viejo y había quedado ciego. Faltaba mucho tiempo para que muriera, pero los dos jóvenes habían crecido lo suficiente para saber de sus responsabilidades. Esaú fue un cazador y Jacob habitó en las tiendas.

Isaac consideró, entonces, pertinente bendecir a cada uno de sus hijos. La mejor bendición correspondía al primogénito, pues era quien, a la muerte del padre, se convertía en el patriarca de la familia. Ese mérito le correspondía a Esaú, pero por un plato de lentejas la había vendido a su hermano.

Rebeca, la madre de ambos, sabía perfectamente la condición moral de su hijo. También Isaac, pero debía cumplirse con la ley de bendecir al primogénito. Así lo hizo o tenía contemplado hacer Isaac, pero Rebeca y Jacob se pusieron de acuerdo para que la bendición recayera sobre éste último.

I. La bendición de Jacob

La bendición que Isaac dio a Jacob pensando que era Esaú fue la siguiente:

Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.

Esta fue una bendición semejante a la que recibió Abraham de parte de Dios. Era la confirmación de que sería Jacob el encargado de engendrar al pueblo de Dios y con ello el señorío sobre todas las naciones. Sin adentrarnos en el tema de la bendición porque será tema de otro estudio. Hay algunos aspectos relevantes.

Bendición material, preeminencia en todo el mundo, autoridad sobre la familia de Isaac y Rebeca, maldición para quienes lo maldijeran y bendición para quienes lo bendijeran. Con dichas declaraciones el lugar de Jacob era de grandeza en en la familiar y en todo el orden mundial.

Si bien pensó que estaba bendiciendo a Esaú, la bendición recayó absolutamente sobre Jacob, quien había adquirido la primogenitura por una plato de lentejas que le vendió a Esaú, quien consiente de lo que estaba haciendo le legó a su hermano menor el privilegio que trae consigo ser el primer hijo de la familia.

II. La bendición de Esaú

La bendición que Isaac dio a Esaú fue la siguiente: 

Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz. (Génesis 27: 39-40.)

Si bien, Isaac pudo cambiar el sentido de sus palabras a Jacob, se percató que lo que había sucedido estaba dentro de los planes de Dios. Las palabras que dirigió a su hijo que había perdido la bendición, fueron la confirmación de lo que había dicho a su hijo menor: Esaú serviría a Jacob.

Esta es la historia que el autor de la carta a los Hebreos retoma en el capítulo once. Isaac sabía perfectamente que Jacob había usurpado el lugar de Esaú, pero recordó también que antes de que nacieran su madre había recibido el mensaje de parte de Dios de que el mayor serviría al menor.

Isaac actuó así por fe. La bendición que dio a cada uno de sus hijos operó en función, no de sus afectos o sus inclinaciones paternales, sino en la confianza en Dios y no se equivocó. Una vez que los bendijo cada uno de ellos tomó su camino. Jacob siguió comportándose como siempre y Esaú demostró fehacientemente la razón por la que perdió la primogenitura. Génesis 26: 35, 28: 6-9.

La fe hace que no nos equivoquemos. Que el amor paterno u otros afectos nos nublen la vista. La historia de Isaac, Esaú y Jacob nos ayudan a comprender que la fe nos ayuda a enfrentar en el presente para que el futuro confirme lo que hacemos hoy.

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