La Biblia dice en Proverbios 7:4

“Haz de la sabiduría tu hermana, haz de la inteligencia tu amiga.”

El libro de Proverbios parte de una verdad que no se puede contradecir: los seres humanos nacemos con una necedad que de no tratarse en la infancia y juventud, en la vida adulta nos puede convertir en seres insensibles, imprudentes e injustos y nos terminará convirtiendo en seres malvados.

Salomón se dio a la tarea de escribir sentencias pequeñas llamadas proverbios para ayudarnos en esa terrible batalla que tenemos todos los días contra nuestra necedad porque el primer gran paso para luchar contra ella es reconocer que está allí siempre al acecho, agazapada para dar su zarpazo y luego enfrentarla con sabiduría e inteligencia.

Una de las recomendaciones que el rey sabio nos da a todos porque todos vivimos en riesgo de dejarnos arrastrar por la necedad es que a la sabiduría la convirtiamos en nuestra hermana y a la inteligencia la hagamos nuestra amiga. Dos expresiones retóricas para reflexionar sobre la clase de cercanía que debemos tener con la sabiduría e inteligencia.

La hermandad y fraternidad nos llevan a pensar en la manera en que debemos asociarnos o relacionarnos con la sabiduría e inteligencia, dos términos que se relacionan porque se tratan no de conocimiento acumulado, sino de experiencia personal y a falta de ella auxiliarnos de la pericia de otros.

La razón de esta exigencia de parte del proverbista radica en los grandes peligros que hay en esta vida al vivir sin tener de hermana y amiga a la sabiduría. Los tropiezos, la destrucción y hasta la muerte acechan a quienes vive neciamente, son presa fácil de las mentiras y son los candidatos idóneos al oprobio y la vergüenza.

Hay una urgencia, una tremenda necesidad y un imperioso requerimiento de contar con los conocimientos suficientes para vivir en este mundo donde la apariencia del placer, el dinero y las relaciones pueden causarnos grandes daños y por eso Salomón no pide abrevar o tomar de la sabiduría y la inteligencia para bien vivir.

Se necesitan para toda la vida, pero para algunos momentos y eventos de nuestra existencia son vitales porque de ella depende totalmente que salgamos bien librados de situaciones en donde está de por medio nuestra vida misma.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario