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viernes, julio 23, 2021
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Hostilidad

La Biblia dice en Juan 10:39

Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos. 

Los fariseos, escribas y sacerdotes habían intentado detener a Jesús una primera vez enviando a los policías del templo, alguaciles les llama Juan 7: 32, pero en lugar de aprehenderlo, los guardias quedaron impresionados cuando lo escucharon hablar y cuando quienes les enviaron les preguntaron porque no cumplieron su misión, dijeron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como ese hombre!

Juan dice que lo volvieron intentar, pero Jesús se escapó de sus manos, lo que significa que estuvieron a punto de lograrlo porque lo tuvieron a su merced, pero no lograron su objetivo porque Dios guardaba a Jesús hasta el momento en que debía ser detenido, procesado y crucificado. 

Lo que Juan hace con este verso es presentarnos el difícil clima que se vivía en el tercer año del ministerio de Cristo. El año que algunos han llamado de popularidad. Sus milagros y señales encendieron la ira de la clase gobernante de Israel, asentada en Jerusalén, porque a la par de sus portentos la crítica hacia ellos era cada vez más severa. 

Pensar que Jesús estuvo exento de conflictos durante su ministerio terrenal es totalmente equivocado. El Señor enfrentó situaciones adversas e intentos de matarlo. Los religiosos de su tiempo le hicieron ver su hostilidad porque además de intentar detenerlo también lo quisieron apedrear por las mismas razones: les disgustaban los señalamientos que hacía.

Nuestro Maestro vivió en carne propia el rechazó de una nación que cerró sus ojos a la visitación de su Salvador y lo rechazaron porque no comprendieron o no quisieron entender que la misión de su Mesías era librarlos en primer lugar del pecado porque el yugo romano era menor frente a la maldad incubada en su corazón. 

Juan el Evangelista nos acerca a las dificultades de Jesús para recordarnos que ser seguidores de Cristo de ningún modo nos hace inmunes al rechazo. Ser discípulos de Cristo implica vernos sometidos no solo a la persecución sino a toda clase de hostilidades y adversidades. 

Debemos descansar en los brazos de Jesucristo cuando llegan a nuestra vida conflictos y problemas a causa de nuestra fe, sabiendo que nuestro Salvador sufrió también adversidades que Dios le ayudó a sortear siempre. 

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