La Biblia dice en Marcos 9:19

“Jesús contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Traigan acá la muchacho.”

El padre de un niño epiléptico buscó a los discípulos de Jesús para que lo ayudarán con la situación que su hijo tenía. El progenitor tenía claro el diagnóstico de su vástago: un espíritu inmundo lo había dejado mudo y también lo arrojaba al agua y al fuego para matarlo. Los discípulos no pudieron hacer nada por este atribulado hombre que en un atisbo de fe buscó a Jesús, pero no lo encontró, sino solo a ellos.

El relato que hace Marcos de este acontecimiento nos dice que nueve apóstoles no pudieron auxiliar al papá y al hijo y que Jesús no estaba porque había salido con Pedro, Jacobo y Juan al monte de la transfiguración y justo cuando discutían por qué no habían podido expulsar ese demonio, el Señor apareció con los otros tres discípulos.

Jesús fue durísimo con Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomas, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista y Judas Iscariote. A ellos les reprochó su incredulidad para ayudar al devastado padre de familia que veía extinguirse poco a poco la vida de su pequeño hijo sin poder hacer nada por él. Fueron incapaces de aumentar su fe.

La falta de fe en Dios siempre causó en Cristo molestia y fastidio porque es el instrumento para enfrentar no solo a los poderes de la oscuridad, sino el medio para alcanzar promesas enunciadas en la Escritura. En sentido contrario aplaudió y se maravilló con la fe de la mujer siro fenicia que pidió por su hija o el centurión que pidió por su siervo con toda seguridad.

A Jesús lo impacientó la falta de confianza de sus seguidores y no les reprochó que no hayan podido expulsar el demonio, sino su incredulidad porque esa sería una de sus tantas tareas una vez que Jesús fuera llevado al cielo de nueva cuenta. Ellos debían estar conscientes de su responsabilidad y debían afianzar su seguridad en Cristo.

Jesús fue severo con ellos porque ellos se sentían con el monopolio de los exorcismos ya que cuando supieron que un hombre echaba fuera demonios en el nombre de Cristo, pero sin seguirlo se lo prohibieron, pero cuando les tocó hacerlo no pudieron.

A Jesús le desagrada profundamente sus seguidores cuando dudan, cuando anteponen sus temores antes que la seguridad que proporciona creer en Dios. Esa es la razón por la que les dijo lo que les dijo. La fe no es un concepto, sino una acción. La confianza en el Señor no es una teoría sino una realidad.

Los discípulos quedaron sumamente tocados con las palabras que Jesús les dijo que cuando estuvieron el privado con él, le preguntaron por qué no habían podido expulsar el demonio y Jesús les respondió que necesitaban más oración y ayuno. Con lo que queda claro que nuestra falta de fe solo se cura orando al Señor y también ayunando.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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