La Biblia dice en Jeremías 2:7

“Yo los traje a esta tierra fértil, para que comieran de sus frutos y de sus mejores productos. Pero ustedes vinieron y profanaron mi tierra, me hicieron sentir asco de este país, de mi propiedad.”

La historia del pueblo de Israel es una lección para todos nosotros. Desde Génesis hasta Malaquías encontramos tantas enseñanza del Antiguo Testamento que es imposible negar la ignorancia de quienes piensan que pueden prescindir de esa parte de la Escritura, y solo contentarse con el Nuevo Testamento.

Pero la historia hebrea no se diferencia en nada de la historia personal de muchos de nosotros. Dios buscó lo mejor para su pueblo y los condujo personalmente de Egipto a la tierra prometida. Los puso en un lugar con grandes bendiciones como el mar de Galilea para que tuviera a la mano productos como el pescado y luego plantaciones de comestibles.

Los sacó de esclavitud para que comieran frutos y los mejores productos de esa tierra fértil a la que los llevó para que vivieran en libertad, una libertad basada en el servicio voluntario a Dios, pero ellos no lo vieron así y pensaron que la vida con Dios era una pesada carga y se dedicaron a vivir a espaldas del Señor.

No se conformaron con ser ingratos con su Salvador y Redentor, sino que se empeñaron en vivir como la naciones vecinas. Se llenaron de idolatría, adoptaron costumbres que no solo eran inmorales sino inhumanas, como pasar a sus pequeños hijos por el fuego para agradar al destestable y pervertido ídolo Moloc de manufactura cananea.

Por eso Dios dice, a través del profeta Jeremías, que profanaron su tierra y le hicieron sentir asco porque las deidades cananeas no fueron atacadas y destruidas, sino adoptadas por los judíos que fueron aleccionados de lo vano de los dioses hechos por manos de hombre, con la diez plagas de Egipto donde el Creador dio muestras contudendes de su poder infinito.

Dios les recordó también que la tierra que tenían no era suya, como tampoco la vida es de nadie pues un don de Dios y él la puede reclamar cuando lo considere oportuno.

Todas estas expresiones demuestran la ingratitud y la dureza del corazón del pueblo de Israel que cambió la bendición divina por una vida apartada de su Creador, que nos sirve para aprender que dejar a Dios no traerá ninguna clase de bien, sino que nos llevará a la impiedad y la maldad que terminarán por destruir nuestra vida.

Pero sobre todo, harán que Dios se sienta conmovido y lamente la falta de cuidado de los dones que nos dio para llenar nuestra vida de alegría y regocijo y pudiendo disfrutar de todos los bienes que vienen de seguirle, optemos por la vano de este mundo que ofrece únicamente espejismos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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