La Biblia dice en Isaías 3:16-17

“El Señor dice también: A las mujeres de Sión, que son orgullosas, que andan con la cabeza levantada, mirando con insolencia, caminando con pasitos cortos y haciendo sonar los adornos de los pies, en castigo las dejaré calvas por la tiña y pondré su desnudez al descubierto.”

El profeta Isaías lanzó unas durísimas palabras a las mujeres de Judá, que se cumplieron cabalmente durante el asedio, sitio y finalmente destrucción de la ciudad de Jerusalén a manos de los crueles, despiadados e implacables babilonios, que devastaron la ciudad y a sus pobladores y se llevaron a los judíos cautivos a Babilonia.

De esa manera Dios sancionó a las orgullosas mujeres de Jerusalén, asimismo castigó su insolencia y su extremada vanidad que las llevó a comportarse haciendo valer más lo externo que su interior ya que perdieron el recato que deben tener las mujeres, según enseña la palabra de Dios.

La sociedad del tiempo de Isaías se había corrompido terriblemente que hasta las féminas habían perdido su natural discreción y se conducía de manera idéntica que los varones, lo que provocó una grave crisis social y sobre todo moral en un pueblo que había sido escogido por Dios para anunciar la salvación eterna.

Y es que cuando los hombres fallan, algo muy recurrente en la vida del pueblo de Israel, las mujeres quedaban como último reducto para preservar la fe entre los hebreos, pero si ellas fallaban y se comportaban como los varones, entonces, no había ya nada que hacer, sino esperar el terrible y demoledor juicio divino.

Las mujeres son la reserva divina para que la confianza en el Señor no se pierda. A falta de varones, las mujeres se levantan para servicio del Señor, pero evidentemente no es el plan divino que ha puesto a los hombres como los responsables de transmitir la fe en el Creador, pero a falta de ellos pone a las mujeres y si ellas fallan, entonces, el fin está muy cerca.

Las mujeres del tiempo de Isaías eran insolentes, engreídas, más preocupadas por su aspecto físico que por su condición espiritual y esa el razón por la que el Señor le da un mensaje muy duro al profeta para que anuncie el fin que les espera tanto a ellas como a los hombres de su tiempo.

Dios tiene grandes expectativas de las mujeres. Si los varones pierden su dignidad y se extravían por su inclinación maligna, ellas se mantienen en sus convicciones y resisten los embates de quienes se desvían, pero si ellas actúan igual que los varones, poco o nada queda por hacer porque la desolación vendrá más pronto que tarde.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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