La Biblia dice en Proverbios 22: 6

“Dale buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará.”

En su estupendo libro “El valor de educar”, el filósofo español Fernando Savater afirma que los niños tienen dos tipos de socialización, la que le dan los padres y la que le da la escuela. A la primera la llama socialización primaria y a la segunda la denomina secundaria y aclara que ambas son importantes para la formación de un infante. 

Sin embargo, señala que un menor de edad recibe básicamente su formación esencial en casa. Son los padres los que le enseñan a asearse, a respetar a los mayores, a vivir con afecto y todas aquellos valores que hacen de una persona un ser humano. La escuela trabaja a partir de esa base y no puede hacer casi nada o nada si un pequeño llega a la escuela sin ellos. 

Recargar sobre la escuela todo el trabajo que los padres deben hacer con sus hijos es simplemente una esperanza fugaz y ociosa creyendo que sus descendientes serán hombres de bien o tendrán el mínimo de formación que se espera de niños y niñas porque la casa ha fallado en su labor socializadora primigenia, plantea Fernando Savater. 

Hace casi tres mil siglos Salomón reflexionó sobre este tema y escribió el proverbio que hoy meditamos. Llamó a los padres a instruir a sus hijos. La palabra instruir que usa el rey sabio tienen la connotación de entrenar. El entrenamiento es la repetición de una disciplina una y otra vez hasta relativamente dominarla. 

Pero esa es responsabilidad de los padres que enseñan no con palabras, discursos, presiones o a fuerza, sino con el ejemplo. Un niño es entrenado en su hogar por el ejemplo que ven en sus padres. No será de otra forma como podremos formar a nuestros hijos. Si nuestros vástagos habrá de amar la lectura, será porque nos habrán visto apasionarnos por leer. 

Pero sobre todo, si nuestros hijos han de respetarnos es porque les hemos enseñado a respetar a su semejante. No podemos esperar nada de nuestros descendientes si no hemos sembrado en ellos instrucción, educación, formación y enseñanzas de vida. Los padeceremos y lloraremos por la clase de seres que serán. 

Salomón dejó en claro que lo que hagamos con nuestros niños será lo que habremos de disfrutar en el futuro, pero sobre todo será  lo que rendirá sus frutos para ellos cuando lleguen a la vejez. La educación es una semilla que se planta, se riega, se cuida y después se toma de sus frutos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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