La Biblia dice en Proverbios 26:28

La lengua falsa atormenta al que ha lastimado, y la boca lisonjera hace resbalar.

Introducción

Los seres humanos oímos y hablamos o a la inversa. A diferencia de todos los seres vivos de este planeta nosotros somos los únicos que podemos hablar y oír a fin de comunicarnos y esas dos capacidades que tenemos son fundamentales para nuestra existencia en este planeta llamado tierra.

La frase las palabras se las lleva el viento no siempre aplica en la vida de las personas porque lo que hablamos o decimos tiene una gran influencia para muchos. Salomón sabe perfectamente que nuestras palabras pueden destruir o edificar. Lo que hablamos no es neutro o carente de consecuencias.

Todo lo contrario nuestras palabras tienen una gran influencia sobre las personas más insospechadas y cuando nosotros las hemos olvidado nunca falta alguien que las recuerda perfectamente. En algunos casos de manera textual con fecha y hora en que las pronunciamos. La razón: lo marcaron, para bien o para mal.

Y esa es la razón por la que el rey sabio de Israel nos habla sobre el gran valor de lo que hablamos o de lo que sale de nuestra boca y por supuesto también de lo que sale de la boca de quienes nos rodean. Salomón nos lleva por estos dos conceptos o dos vertientes de la comunicación lo que hablamos y lo que oímos que hablan.

De ambas situaciones debemos tener cuidado. Por una parte debemos ser muy cautos a la hora de hacer uso de la capacidad de hablar porque nuestros dichos pueden causar males para otros y para nosotros mismos, pero también debemos tener mucha precaución con lo que oímos porque eso nos hace daño exclusivamente a nosotros.

En ese sentido el proverbio que en esta ocasión meditaremos tiene como objetivo hacernos ver lo peligroso que resultan las mentiras y las adulaciones para quien las recibe o las padece, es decir nos pone en alerta para tener cuidado al momento de escuchar lo que se nos dice.

Las mentiras y las adulaciones son uno de los productos más insalubres que se producen con las palabras. Debemos tener mucho cuidado con ellos.

Hablar para mentir y utilizar palabras para adular es la peor costumbre que una persona puede adquirir al hacer uso de los don de hablar. Pero allí ha estado por siglos, está y estará este uso equivocado de hablar y tenemos que luchar contra él con todas nuestras fuerzas porque son en extremo dañinos.

Instrucciones para tiempos sin razón

La instrucción de cuidarse de las palabras negativas
A. Porque la mentira atormenta
B. Porque la adulación hace tropezar

A. Porque la mentira atormenta

La versión Hispanoamericana traduce esta frase así: “Lengua mentirosa tortura a sus víctimas”, mientras que la versión Torres Amat lo hace de la siguiente forma: “No gusta de la verdad la lengua embustera”, en tanto que la Palabra de Dios para todos dice: “El mentiroso hace daño a los que engaña”.

Nos queda claro que Salomón apunta al gran conflicto que los seres humanos padecemos cuando no se habla verdad y solo se dicen mentiras. La mentira tiene grandes y graves consecuencias según apreciamos en las distintas versiones de la Escritura por lo mismo tortura, que lastima o atormenta, en otras palabras daña demasiado.

La mentira hace mucho daño porque crea una realidad paralela. Oculta lo que en realidad está pasando ya sea porque esconder la verdad le beneficia o porque así conviene a sus intereses y piensa que al hacerlo nunca quedará al descubierto lo que en verdad está ocurriendo.

Nosotros podemos hablar mentiras. Esa es una realidad. También podemos concluir que nos pueden hablar mentiras y debemos estar conscientes de esa realidad para saber que lastimaremos o nos lastimaran. La palabra hebrea que se usa para el verbo lastimar procede de la raíz hebrea “dak”.

Esa palabra se traduce en otras porciones de la Escritura como oprimir, aplastar e incluso como triturar. Faltar a la verdad o conducirnos con mentiras produce en nosotros esa sensación reducción o disminución de confianza en los demás. Nos lleva a un estado de angustia, incluso.

El mentiroso no lo sabe o lo quiere ignorar, pero lo que hace en realidad es dañar gravemente la vida de otra persona porque lo que está haciendo en realidad es matar la confianza de una persona. Difícilmente se le volverá a tener confianza y dependiendo del tamaño de su engaño posiblemente nunca más tendrá la confianza de nadie.

La mentira es la forma más inapropiada de utilizar nuestras palabras, la manera más terrible de hacer uso de la capacidad que Dios nos dio para comunicarnos y la que más nos acerca al enemigo de Dios, el diablo, que es padre de mentira ya que es lo único a lo que se dedica para desacreditar a Dios.

Salomón no exagera cuando dice que un mentiroso atormenta. La mentira hace un daño que no podemos calcular.

B. Porque la adulación hace tropezar

Salomón habla de la boca lisonjera, una manera de referirse a quienes les gusta adular, lisonjear o usar sus palabras con zalamería para ganar u obtener un beneficio que les reporte ganancias materiales, principalmente. Esa es otra forma de hacer uso de nuestras palabras en este mundo.

La boca aduladora lleva a la ruina, traduce la Biblia Hispanoamericana. El mal intencionado que habla bonito causa confusión, dice la versión Palabra de Dios para Todos, en tanto que la versión Torres Amat que la boca aduladora es causa de ruina. El de suaves palabras provoca el desorden, dice la Biblia Dios Habla Hoy.

Nos queda claro que la adulación es la peor forma de dirigirnos a otras personas. La razón es que nuestras motivaciones para hacer eso son completamente insanas porque en realidad no creemos lo que estamos diciendo, pero lo hacemos para sacer algún beneficio de nuestras palabras.

La lisonja nos convierte en personas convenencieras, interesadas y deseosas de quedar bien con alguien, generalmente personas con alguna clase de poder, para obtener de ellos algún bien que necesitamos: poder, dinero, favor. Y para ello recurrimos a la zalamería, sin darnos cuenta de lo indigno que eso representa.

Dice Salomón que esa clase de actitud hace tropezar, confunde, lleva a la ruina o produce desorden. La palabra resbalar que usa la Reina Valera 1960 procede de la raíz hebrea “midcheh” que literalmente significa “derrocar” o “arruinar”. Eso quiere decir que la lisonja o adulación es maligna.

Una persona que siempre es adulada va directamente a la ruina. Salomón nos advierte de esta terrible verdad para no dejarnos arruinar y también no arruinar a otros.

El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos. Proverbios 29: 5.

La versión hebrea de este texto dice así: Lengua mentirosa odia a los oprimidos por ella y la boca halagüeña provoca ruina. Y cuando fue traducida al griego por la Septuaginta quedó así: Lengua mentirosa odia la verdad y boca sin cerrar crea desórdenes. Lo que nos hace reflexionar sobre el gran problema que podemos desatar con nuestras palabras.

Con las mentiras y las adulaciones podemos aplastar y arruinar a las personas. Si no tenemos cuidado nuestras expresiones pueden llegar a la vida de las personas y detonar un serio problema para sus vidas. Salomón quiere que tengamos mucho cuidado con lo que decimos cuando hacemos uso de la palabra.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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