La Biblia dice en Proverbios 27: 21

El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, y al hombre la boca del que lo alaba.

Introducción

Los primeros reconocimientos en la antigüedad fueron de palabras. Las personas elogiaban el heroísmo, reconocían el conocimiento y alababan la valentía, incluso cantaban y loaban a quienes con una acción demostraban ser distintos a todos los demás al hablar, cantar, recitar o incluso escribir.

Luego vinieron los premios. Los griegos premiaban a los ganadores de los Juego Olímpicos con una guirnalda de olivo en sus cabezas cuando vencían en las diferentes competencias que inventaron para que los participantes demostraran su destreza con sus manos, brazos, piernas y pies.

Y así, evolucionamos hasta nuestros días con premios como el Nobel, los Grammy, Emmy y ni que decir de los Oscar que la industria del cine estadounidense celebra cada año para reconocer a los mejores creadores cinematográficos de ese país y otras naciones.

Premiar es una forma de reconocer las acciones de otras personas, ya sea en temas estrictamente artísticos, pero también en asuntos que tienen que ver con asuntos menos especializadas como el cine, la música, la literatura, la física o la química. Se reconoce a quien aporte algo a la cultura humana o la convivencia entre personas.

En general los seres humanos somos impresionables y reaccionamos con elogios, aplausos o enaltecimiento de quienes nos impactan con lo que hacen. Hacer algo bien, no siempre, pero en ocasiones nos va a llevar a que otros reconozcan lo que hacemos o lo que producimos con nuestras manos.

Salomón se refiere justamente a esta clase de situaciones cuando habla de que el hombre es probado cuando alguien lo alaba o le reconoce su labor porque corre el grave riesgo de sentirse muy importante, superior a los demás o pensar que nadie puede compararse con él por las metas que ha alcanzado.

Salomón observó con toda claridad que a muchos el reconocimiento no les viene bien. Pero este verso también nos muestra que todos podemos hacer o emprender acciones dignas de encomio o reconocimiento.

La instrucción de cuidarse de los elogios
A. Porque se debe cuidar el corazón
B. Porque en la vida hay lisonjeros


A. Porque se debe cuidar el corazón

Salomón recurre a dos ejemplos sencillos para mostrar la manera en que se deben tomar un reconocimiento y para ello recurre a la joyería, un tema en el que los judíos son especialistas, y la usa para decirnos que tanto el oro como la plata son procesados por el fuego para que luzcan todas sus propiedades y sobre todo para que no sean suplantados.

Tanto la plata como el oro son pasados por el fuego para determinar su grado de pureza porque se puede generar un tipo de material parecido a ese metal y pasar por algo que tal vez parecería original, pero que en realidad no lo es. El fuego prueba a la plata y el oro para saber si son genuinos.

De idéntica manera cuando una persona recibe un elogio o aplausos por lo que hace, la actitud que asuma va a revelar claramente las intenciones de su corazón o la motivación por la que hace lo que hace. Sin embargo, en ocasiones, las personas no hacen nada, pero tienen una posición de privilegio o recursos financieros y por eso los alaban.

B. Porque en vida hay lisonjeros

Salomón escribe este proverbio porque sabe que en esta vida nos vamos a encontrar aduladores y lisonjeros. Personas que tienen como único fin alabar y loar a los demás para obtener algo y por ello debemos tener cuidado cuando los escuchamos para no caer en sus redes o sus trampas.

Los seres humanos tenemos una autoestima que claro que necesita ser elevada, pero no a base de halagos verbales nacidos de un interés por obtener algo de nosotros, sino de una actitud genuina, y aun así debemos de tener en consideración que si están elogiándonos debemos ser precavidos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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