La Biblia dice en Proverbios 27: 17

“Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”

Introducción

Los seres humanos somos seres sociales. Dios nos diseñó para vivir en sociedad y como consecuencia de esa realidad convivimos con muchas personas y a algunas de ellas les permitimos conocer nuestra vida privada y a otras sencillamente les cerramos esa posibilidad porque a nuestro juicio no nos resultan confiables.

Salomón nos lleva al tema de la amistad y cómo debe ser un amigo o cómo debemos ser como amigos. En este mundo lleno de maldad habrá personas que se harán pasar como amigos, pero en realidad son una impostura, una mentira y en el peor de los casos estarán con nosotros por pura conveniencia.

El rey sabio de Israel nos conduce así a un importante tema para nuestras vidas: saber distinguir una amistad verdadera de una convenciera. Distinguir entre un verdadero amigo de uno falso. Discernir cuando estamos frente a una persona que en realidad le importamos y cuando estamos ante un farsante.

No es un tema irrelevante o intrascendente, todo lo contrario es un asunto sumamente importante porque el monarca, hijo de David, busca que entendamos y asimilemos la función que deben tener las personas que tenemos en nuestro entorno y sobre todo a quienes les damos el título de amigos.

De esa forma nos ahorremos frustraciones, evitaremos desencantos y, sobre todo, eludiremos recriminaciones personales por haberle dado un lugar que no merecían determinadas personas, lo que nos ayudará a no deprimirnos porque nos han traicionado o porque sencillamente no supieron comportarse como amigos.

La amistad tiene un valor fundamental en la vida de todas las personas. Hacemos y nos hacemos amigos porque es una parte inherente a nuestra condición humana y por esa razón debemos conocer perfectamente en que consiste ser amigo o que sean amigos de nosotros en este mundo.

El libro de Proverbios alimenta esta verdad de manera sustancial, muy probablemente porque el papá de Salomón, el rey David, tuvo un gran amigo en la persona de Jonatán.
Son tan importantes las amistades que uno debe ser muy selectivo y buscar o cultivar aquellas que nos hacen mejores personas, que nos ayudan a crecer y a madurar, y también aquellas que nos alientan a ser mejores personas, con todo lo que ello implica, es decir, confrontarnos, hacernos ver nuestros yerros y equivocaciones.

La instrucción de cultivar amistades edificantes
A. A pesar de puntos de vista opuestos
B. A pesar de confrontaciones sanas

A. A pesar de puntos de vista opuestos

Salomón usa el ejemplo de la manera en que se afilaban las armas punzo cortantes: dagas, cuchillos, espadas y lo plantea así: “Hierro con hierro se aguza.” En sentido estricto el hierro no puede ser afilado con madera o piedras o cualquier otro material. Solo se puede perfeccionar a través de otro instrumento que sea del mismo material: de hierro.

La figura retórica es muy importante e ilustrativa porque nos lleva a pensar un choque o una colisión. Para afilar, aguzar o sacar punta a un objeto de hierro se necesita un material idéntico, en primer lugar, lo que quiere decir que Salomón está pensando en una persona que sea como nosotros, pero con una opinión o punto de vista diferente.

Una persona por sí misma no podrá crecer o madurar si solo se contenta con su propia opinión o si solo vive en una burbuja o en un mundo en el que nadie más puede entrar o tener cabida. El individualismo no hace crecer a ninguna persona, tiene que salir de ese espacio si quiere crecer.

Y para ello, entonces, se necesita un amigo que le haga ver su situación o su condición, se trata de entender y comprender que en este mundo siempre vamos a requerir al otro para que podamos tener una opinión distinta de lo que nosotros vemos, específicamente sobre nuestra persona o nuestro estilo de vida.

Y justamente aquí es donde entran los amigos, pero los amigos verdaderos, aquellos que nos aprecian y desean que nosotros aprendamos de la vida, que cambiemos hábitos o actitudes que nos dañan en realidad y que buscan que seamos mejores personas en todo nuestro entorno.

Salomón se aproxima a un tema muy importante para todos los seres humanos: tener esa clase de personas que nos aman y que nos ven para señalar nuestros yerros, pero no con ánimo de arruinarnos, criticarnos malévolamente, sino con el deseo de construirnos y edificarnos para bien nuestro.

Todas las personas necesitamos esa clase de seres que están allí en las buenas y en las malas, que nos conocen bien y que una palabra suya, un consejo o, incluso, una llamada de atención será muy bien recibida, aunque nos duela, aunque nos haga sufrir, porque sabemos que tienen la mejor intención.

El hierro con el hierro se aguza, dice Salomón y una persona crece y madura cuando otra persona, amiga o amigo, le hace ver sus equivocaciones.
B. A pesar de confrontaciones sanas

La segunda parte de nuestro verso que hoy meditamos dice de la siguiente forma: y así el hombre aguza el rostro de su amigo.

El amigo habla de frente. Te dice lo que piensa y emite sus opiniones delante de tu persona. Quien no es tu amigo habla a tus espaldas, esconde sus verdaderas motivaciones y no tiene ninguna clase de interés en que tu mejores en lo tu persona o en lo que haces porque simplemente no es tu amigo.

La versión hebrea de este texto traduce todo el verso de la siguiente manera: “El hierro afila al hierro. Así el hombre aguza el semblante de su amigo.” Sacar filo o afilar el semblante de un amigo implica confrontarlo, por supuesto, de frente, ante su presencia, nunca a sus espaldas.

Se trata de hacerle ver con aprecio, sobriedad, seriedad y cariño que lo que está haciendo o diciendo está mal. Salomón nos está llevando a su terreno porque de lo que se trata es de observar su conducta y entonces corregir de manera amable lo que a nuestro juicio está mal en su vida.

La expresión aguzar el rostro de su amigo, implica que con tus observaciones lo haces más ingenioso, más talentos, más inteligente y sobre todo más prudente para acometer la vida con madurez.


Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario