La Biblia dice en Proverbios 27:1

No te jactes del día de mañana; porque no sabes que dará de sí el día.

Introducción

Una de las grandes verdades que aprendemos de la literatura de sabiduría hebrea es que el futuro es incierto. Que nadie tiene garantizado el porvenir. Que las circunstancias en la vida de las personas pueden cambiar radicalmente de la noche a la mañana. Que un rico puede empobrecer, que una persona sana puede enfermar y que alguien muy saludable puede morir.

Esa forma de concebir la vida o la existencia humana fue la que llevó Salomón a escribir el Eclesiastés donde despliega con su reconocida capacidad esta verdad que nos planta en el presente con humildad y sencillez al reconocer o admitir que el día de mañana solo existe en nuestra mente porque materialmente no ha llegado todavía.

De esa manera el sabio rey de Israel nos muestra que podemos poseer muchos bienes materiales, que podemos hacernos de casas, negocios, dinero, bienes, riquezas y muchas otras cosas, pero definitivamente nunca seremos dueños del tiempo, jamás podremos comprar el futuro.

Esa realidad es la que Salomón usa en este proverbio para llevarnos a la humildad porque no podemos por más que nos esforcemos o por más que insistamos en ganar el futuro no podremos. Ese afán ha llevado a una importante parte de la humanidad a creer en la reencarnación como una forma de abrazar la posibilidad de un futuro que jamás vendrá una vez muertos.

Pero el futuro es visto siempre como un anhelo y una esperanza para algunos, pero para otros como una obligación divina además de que el mañana debe ser bueno y con bienes, porque difícilmente se acepta o reconoce el futuro con días malos en los que se sufre y se padece grandemente.

No solo la sabiduría hebrea encarnada en Salomón piden que seamos humildes ante el futuro, lo hace también nuestro Señor Jesús cuando nos enseña la parábola de rico insensato que se enriquece cada vez más y más, sin saber que el día que menos lo espera su vida concluir.

De igual modo en su carta, Santiago pide a los creyentes de la iglesia primitiva ser conscientes de brevedad ante la eternidad de Dios y no ser arrogantes con el futuro porque no saben si vendrá, en primer lugar, y que traerá consigo bienes o males, en segundo lugar a fin de tener humildad.

En la vida diaria y en la historia hay demasiados ejemplos de esta verdad. Ilustran nuestras afirmaciones hechos como lo acontecidos a quienes salieron de Inglaterra rumbo a Nueva York en el famoso barco Titanic, que se deban por instalados en Estados Unidos porque se barco no lo podía hundir ni Dios. La triste realidad es que cientos de pasajeros nunca llegaron a su destino.

Los astronautas del transbordador espacial Challenger que abortaron su salida hasta en dos ocasiones y cuando a la tercer por fin pudieron despegar de la tierra nunca más volvieron porque la nave explotó a unos cuantos minutos de haber salido.

El mañana es un territorio exclusivo de Dios. No nos pertenece. Debemos, entonces, ser más humildes y sencillos.

Instrucciones para tiempos sin razón

La instrucción de humildad ante lo incierto del futuro
A. Para evitar la jactancia del día de mañana
B. Porque no sabes que traerá consigo el mañana

A. Para evitar la jactancia del día de mañana

La soberbia, altivez, arrogancia y orgullo son censurados en la Biblia. Dios humilla a los soberbios y exalta a los humildes porque los primeros se sienten autosuficientes y sin necesidad de nada ni de nadie, en cambio los segundos reconocen su profunda necesidad y dependencia del Señor.

De por sí, entonces, toda soberbia es mala, pero la que se apropia del futuro es todavía más necia porque por más que se quiera o intente el futuro es un terreno vedado al ser humano. No se puede hacer mucho por el mañana porque le pertenece exclusivamente al Creador y al intentar gobernarlo, ordenarle y administrarlo solo se cae en la necedad.

Santiago explica de manera sencilla el sentido de esta actitud:

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. 16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; 17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. Santiago 4: 13-17.

La arrogancia sobre el día de mañana no es un mal exclusivo de las personas que no conocen a Dios, sino de casi todos los seres humanos, incluidos los cristianos. Por eso Santiago pide humildad por nuestra ignorancia, jactancia y brevedad de vida.

B. Porque no sabes que traerá consigo el mañana

¿Qué va a pasar mañana? No lo sabemos. Esa es nuestra triste y limitada realidad. Ignoramos completamente que va a dar de sí el futuro. No sabemos si nos irá bien o mal. Bueno no sabemos si viviremos o habremos partido de este mundo y por eso es necesaria la modestia.

Jesús enseñó claramente esta verdad cuando presentó la parábola del rico insensato:

También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. Lucas 12: 16-21. Este pobre acumuló para su futuro y no lo pudo disfrutar porque no poseía los derechos del día de manaña.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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