La Biblia dice en Proverbios 26:17

El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno es como el que toma al perro por las orejas.

Introducción

En las relaciones humanas que se producen en todo el mundo siempre hay conflictos. Y los hay de todos los tamaños desde las pequeñas desavenencias en un vecindario hasta los graves enfrentamientos territoriales, por citar un ejemplo, solamente que provocan ya no solo desacuerdos, sino grandes confrontaciones.

De hecho los seres humanos vivimos en permanente conflicto, algunos más que otros, pero muchas personas viven peleándose hasta con ellos mismos. En este contexto es muy probable que de repente muchos de nosotros estemos ante un conflicto ya sea en la calle que vivimos, en la escuela o en el trabajo. De hecho muy probablemente ya lo vivimos.

Salomón observó la gran conflictiva social que se vive en este mundo y nos da una recomendación cuando por alguna u otra razón quedemos atrapados en un conflicto entre dos personas o más. Entre una pareja ya sea de esposos o novios. En un desacuerdo de amigos o en una acalorada discusión entre desconocidos.

Es muy común que cuando estamos en presencia de un pleito es muy fácil tomar partido por la persona que consideramos más débil y en muchas ocasiones sin saber el origen del problema y sobre todo de quien es la responsabilidad nos entrometemos en un problema al que no se nos ha llamado.

Y lo peor de todo es que lo hacemos airados que provoca que perdamos rápidamente la objetividad y en lugar de ayudar a resolverlo de pronto formamos parte de una dificultad de la que no estamos enterados de absolutamente nada, sino solo lo que tenemos frente a nuestros ojos.

La verdad es que el tamaño de la necedad es inmensa cuando ante una reyerta, una riña o una simple discusión nos metemos o participamos como si fuéramos uno de los afectados y las consecuencias pueden ser hasta fatales porque somos unos intrusos en algo de lo que no sabemos absolutamente nada.

Salomón nos pide que tengamos mucha precaución. Que tengamos cuidado a la hora de presenciar esta clase de situaciones para evitar caer o entrar en ellos a fin de preservar nuestra tranquilidad que se puede afectar para siempre cuando no sabemos quienes están peleando, ni por qué lo están haciendo.

Instrucciones para tiempos sin razón

La instrucción de no entrometerse en pleitos ajenos
A. Porque se deja llevar por la ira
B. Porque desconoce la naturaleza del problema
C. Porque puede salir lastimado

Salomón fue un juez excepcional cuando le tocaba juzgar asuntos de sus súbditos. La sabiduría que alcanzó fue formidable. Sabía que para llegar a ese punto era indispensable serenarse y actuar con mucha prudencia, pero sobre todo que debía oír a las partes en conflicto. De lo contrario contribuiría a ahondar la problemática.

De hecho, solo atendía los casos que se le presentaban, no atendía aquellos que no se los presentaba para resolverlos. Es otras palabras, Salomón no se entrometía en asuntos que no le planteaban porque era muy necio hacerlo.

A. Porque se deja llevar por la ira

En un pleito ajeno, casi siempre, nos gana la ira y la ira es la fuente de todos los males que tenemos en este mundo, porque no se trata de un enojo o fastidio fácil de controlar, sino de aquella furia que hace que las personas literalmente se transformen en seres sumamente violentos y sin dominio de sus instintos destructivos.

Salomón sabe perfectamente de que está hablando. Su hermano Absalón dominado por el enojo convocó a todos sus medios hermanos a una fiesta y para ello le pidió autorización a su padre David, pero en realidad solo tenía la intención de matar a Amnón que había abusado de su hermana Tamar.

La ira hace que las personas comentan tropelías. De hecho Santiago cuando explica el enojo sin control dice que la ira del hombre no obra la justicia de Dios para señalar lo que sucede cuando se involucra en un conflicto y en lugar de pacificar, el enfado lo convierte en una de las partes.

La frase “el que pasando” que usa la versión Reina Valera 1960 nos ofrece una mejor compresión de lo que sucede en un pleito. La persona solo pasa, no ve como se originó, no sabe cómo comenzaron a discutir solo porque va a pasando se involucra sin conocer nada ni nadie.

B. Porque desconoce la naturaleza del problema

Una pleito ajeno es con toda seguridad un problema del que no sabemos nada. Intuimos, creemos, pensamos, consideramos, pero no tenemos el pulso completo de los acontecimientos que estamos observando y ese solo hecho debería servirnos para no involucrarnos en los sucesos.

Un pleito entre dos hombres, por ejemplo, puede ser por haber lastimado el honor de su esposa y sus hijas. Algo que uno de ellos defiende con mucha determinación. Como el entrometido no sabe esto se dispone a entrar al conflicto y en lugar de apoyar al que tiene la razón lo hace a favor del culpable.

Como Salomón lo escribe, es un pleito ajeno, un conflicto al que ni estamos autorizados para involúcranos, ni tampoco estamos autorizados a intervenir. Quién nos dijo o nos dice que nos metamos. Nadie. Quién nos exige que apoyemos a una de las partes, nadie tampoco, pero en muchas ocasiones, allí vamos.

C. Porque puede salir lastimado

Salomón emplea una figura retórica para expresar el resultado de meterse en un lío al que no lo han llamado. Es como tomar a un perro de las orejas. La parte más sensible de los perros es su sentido del oído. Junto con el olfato tiene muy desarrollado su capacidad de oír de tal manera que cuando lo tomas de sus orejas reaccionan violentamente.

Salomón nos dice que podemos padecer violencia si nos entrometemos en un pleito ajeno. Las consecuencias de una temeridad de ese tamaño son inimaginables. Basta con algunos ejemplos como el de una persona que vio discutir a una pareja que llegó a los golpes y al defender a la mujer, ésta se fue en contra suya diciéndole que dejará en paz a su esposo.

O la persona que en una discusión de tránsito entre un taxista y un conductor de un autobús de pasajeros salió a defender al taxista y se metió contra el otro operador sin saber que el responsable del incidente era el propio taxista. El chofer del autobús sacó un bat y golpeó a los dos.

Y así un sin fin de ejemplos que nos deben hacer reflexionar sobre esta enseñanza del sabio Salomón.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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