La Biblia dice en Proverbios 27: 5-6

Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. 6 Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.

Introducción

El libro de Proverbios tiene, entre otros objetivos, corregir. Los seres humanos somos como un terreno que de no limpiarse constantemente puede dejar crecer hierbas y toda especie de plantas donde pueden anidar roedores o animales peligrosos. La corrección se necesita siempre en la vida de las personas.

La función de la sabiduría hebrea es capacitar a los seres humanos para aprender a corregir y recibir la corrección. En los versos que ahora meditaremos se nos habla de de ambas necesidades, tanto la de saber amonestar como aprender a recibir reconvenciones en algún momento de nuestra vida.

Salomón sabe perfectamente que los seres humanos nos casamos con ideas y pensamientos y a veces creemos que son la única verdad y como consecuencia nuestros actos se fundan en lo que pensamos o creemos, pero puede ser que nuestra forma de pensar y actuar estén totalmente equivocados.

Ante esa clase de situaciones pueden ocurrir dos cosas: que se nos diga que estamos haciendo mal o que se pase por alto y dejarnos en nuestra actitud equivocada. Todos debiéramos agradecer a quien nos hace ver nuestros yerros, pero en ocasiones las personas no reciben esta clase de recomendaciones.

De esa forma el rey sabio de Israel nos lleva a pensar y reflexionar sobre la necesidad que hay de aprender a recibir amonestaciones aunque sean dolorosas, aunque no nos gusten o nos hagan pasar por momentos muy amargos al final de cuentas quien lo hace lo hará porque nos ama.

Y evidentemente si no les interesa lo que hacemos o no les interesamos como personas no nos dirán nada, aunque nos vean haciendo cosas equivocadas, aunque sepan que lo que estamos haciendo no solo es equivocado, sino inclusive algo que a la larga puede destruir nuestras vidas.

Salomón apela a la corrección, pero no a cualquier clase de corrección, sino aquella que se hace con sinceridad, con franqueza y con la más pura de las intenciones.

La instrucción de valorar la corrección franca
A. Porque cuando se ama se corrige
B. Porque cuando no se corrige se aborrece

A. Porque cuando se ama se corrige

Salomón escribe su sentencia diciendo: Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. De esa forma nos clarifica que quedarse callado ante la falta de una persona que apreciamos es como amar ocultamente, es decir, es vivir amando en silencio, sin exteriorizar nuestro aprecio o cariño hacia alguien.

Eso quiere decir que cuando amamos a alguien debemos corregirlo. La versión Reina Valera 1960 usa el término “reprensión” que otras versiones traducen como reproche o reprimenda lo que implica que se trata de una reconvención dura, no una palmadita en la espalda para corregir algo.

Lo que Salomón nos lleva a reflexionar es el imperativo de no quedarnos callados cuando una persona que amamos o apreciamos está cometiendo un error, sino hablarle y decirle que lo que está haciendo está mal de otra manera lo que estamos haciendo es amarlo en oculto.

Todos tenemos grandes conflictos a la hora de presentarse una situación en la que un ser querido, familiar o amigo está desplegando una conducta que provoca males o le va a provocar problemas y cerramos los ojos, pensando que otro u otros deben ser lo que deben corregirlo. Pero la realidad es que te corresponde a ti.

Es muy común que en este tipo de situaciones apelemos a miles de pretextos con tal de desligarnos de la responsabilidad de llamar la atención a quien se está equivocando o a quien está arruinando su vida al asumir una actitud equivocada tanto en lo personal, familiar o profesional.

El monarca sabio de Israel nos plantea la disyuntiva en la que podemos caer cuando alguien a quien amamos está actuando incorrectamente o le hablamos francamente o nos quedamos en silencio. El silencio nos vuelve no solo cómplices, sino odiadores de quien decimos que amamos.

Un triste ejemplo negativo de esta verdad la encontramos entre David y su hijo Adonías:

Y su padre nunca le había contrariado en todos sus días, diciéndole: ¿Por qué haces esto? Y también este era de muy hermoso parecer, y había nacido después de Absalón. 1ª Reyes 1: 6.

B. Porque cuando no se corrige se aborrece

El verso seis de nuestro pasaje dice: Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.

El ejemplo que Salomón usa para referirse a alguien que corrige a otro el de las heridas que resulta muy puntual porque la experiencia de recibir una llamada de atención puede ser muy dolorosa como cuando uno se provoca una herida en alguna parte del cuerpo y duele sobre manera.

Pero cuando alguien ama corrige por más dolorosa que sea la medicina o la cura para ese mal, el corrector está dispuesto a aplicarla con todas las consecuencias que pueda tener.
El proverbio que escribe Salomón introduce el tema del aborrecimiento como una expresión de quien se niega a corregir y lo compara con besos importunos, es decir algo innecesario o que de plano no queda hacerlo en determinado tiempo.

Queda claro que la idea que pretende transmitir el proverbista es que si alguien no corrige a alguien que ve haciendo mal no le ama, al contrario lo aborrece, eso quiere decir que dejar pasar y dejar hacer lo único que provoca es ahondar la equivocación y no hacer nada por quien ha perdido orientación, rumbo o dirección.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario