La Biblia dice en Proverbios 27: 7

“El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento todo lo amargo es dulce.”

Introducción

Con su mirada analítica y su capacidad para reconocer en las actitudes de las personas lo que había en su interior, Salomón nos regala una proverbio en el que sintetiza una de las grandes verdades sobre la conducta de las personas cuando no tienen necesidad o cuando todos sus requerimientos materiales están satisfechos.

Los seres humanos se comportan de diferente manera cuando los bienes necesarios están suplidos en su vida: casa, comida, ropa, sustento e incluso dinero que cuando carecen de lo que es indispensable para existir. Su sentencia usa una figura poética que contrasta esas dos actitudes o condiciones.

Salomón nos quiere llevar a pensar y reflexionar sobre la forma en que nos comportamos cuando, ya sea por nuestro esfuerzo o por el esfuerzo de nuestros padres, llegamos a solventar todas nuestras necesidades materiales: comenzamos a despreciar y hastiarnos rápidamente de lo que para otros es vital.

Esta actitud nos lleva a pensar en que hay personas que les hace daño tener demás. Hay cierto tipo de hombres y mujeres que en lugar de beneficiarles tener satisfechas todas las cosas que necesitan para subsistir les va a hacer daño porque en lugar de agradecer tener lo que tienen, sencillamente despreciarán y se volverán arrogantes.

Del otro lado, tenemos a las personas que no importa lo que satisfaga su necesidad. Para ellos lo que para otros puede resultar ofensivo o sin valor, su necesidad les hace apreciar grandemente lo que se les ha dado o lo que tienen para suplir sus grandes requerimientos materiales en esta vida.

Esta clase de personas son agradecidas y valoran sobre manera lo que obtienen o se les da. Nada desprecian, todo agradecen y por tal motivo son sencillas y eso las convierte en personas afables y de gran estima, aunque materialmente siempre están necesitadas en este mundo.

Salomón con su sabiduría los entrelaza en este verso que los presenta como antagónicos, diferentes y opuestos entre sí no para amar la necesidad, pero si para cambiar de actitud cuando nuestros problemas económicos son superados y la bonanza material llega.
Salomón descubrió, gracias a su mirada precisa, la diferente actitud que hay entre una persona con necesidad y otra sin ella. Y de esa forma nos presenta una verdad muy relevante para comprender la siempre compleja conducta del ser humano: no somos los mismos cuando tenemos que cuando no tenemos.

La instrucción de valorar los bienes que tenemos
A. Para evitar la arrogancia
B. Para practicar la sencillez

A. Para evitar la arrogancia

Salomón dice en la primera parte de su sentencia: “El hombre saciado desprecia el panal de miel.”

Vaya que si el rey sabio de Israel conocía perfectamente a los hombres de su tiempo, que en nada se diferencian con los actuales, ya que observó que cuando alguien está saciado o no tiene necesidad de comer hasta algo tan rico al paladar como la miel puede ser objeto de su rechazo.

Pero su aportación va más allá de solo pensar en la comida, en una interpretación amplia podemos aventurar que el principio aplica no solo para los alimentos, sino para otras grandes áreas de la vida de hombres y mujeres. Por ejemplo cuando una persona alcanza un trabajo que antes no tenía, debería de apreciar tener una labor que le remunera.

Pero en lugar de ello se vuelve altivo con lo que ya tiene y desprecia cualquier clase de trabajo que se le ofrece. Ni que decir en el área de la familia. Cuando se tiene a veces no se valora lo suficiente y en cambio asumimos que así en es en nuestro caso y en el caso de todos nuestros conocidos.

Salomón nos lleva a pensar en la necesidad que tenemos todos de valorar los bienes que tenemos para evitar la arrogancia. De pensar que siempre tendremos lo que ahora tenemos o que nunca se acabará. Despreciar porque pensamos que no tenemos necesidad es una insensatez muy grave.

Y es así porque queda claro que la falta de necesidad nos hace soberbios.

B. Para practicar la sencillez

La segunda parte del proverbio que escribió Salomón dice así: “Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.”

La necesidad hace ver la vida de diferente manera. Lo primero que provoca la necesidad es humildad. Claro que hay sus excepciones, pero generalmente una persona que vive en permanente necesidad se mantiene sencilla porque sabe que sus necesidades son grandes y requiere la ayuda de los demás.

El monarca sabio de Israel conoció a la perfección a esta clase de personas y supo que ellas si sabían apreciar lo que tenían, que se mantenían agradecidos por lo que se les daba.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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