La Biblia dice en Proverbios 27: 11

Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me agravie.

Introducción

El libro de Proverbios fue escrito o recopilado para que los hebreos –incluidos hombres y mujeres– aprendieran la sabiduría milenaria de sus antepasados que fue escrita y preservada por miles de hombres que dedicaron su vida a transcribir, generación a generación, las principales sentencias o aforismos con un rico contenido de experiencia.

La finalidad de ese volumen tanto en la Tanaj hebrea como en la Biblia cristiana es ayudar a los lectores a encontrar la sabiduría que descansa o cuya fuente o principio es el temor al Señor, luego entonces esa clase de sabiduría es completamente distinta a la acumulación de conocimiento como se entiende en occidente cuando se afirma que una persona es sabia.

Los hebreos comprendieron rápidamente que los hombres nacen con la necedad ligada a su corazón y al socializar fuera del hogar enfrentan un mundo donde los necios, insensatos o imprudentes campean por doquier y es necesario saber o entender cómo debemos conducirnos entre ellos.

Pero el libro de Mishlei, así se pronuncia en hebreo el libro que nosotros llamamos Proverbios, contiene mandamientos y ordenanzas para perfeccionar el carácter de los hebreos en primer lugar y de los creyentes en segundo, puesto que fueron incluidos tanto en el canón de la Tanaj, hebrea como en las Escrituras Sagradas de los creyentes.

El tono en el que está escrito parece ser el de un padre a su hijo porque la frase hijo mío es reiterativa en todo el libro. La encontramos en 2: 1, 3: 1, 4: 1, 5: 1, 6: 1 y 7: 1 y también en el verso que hoy estudiaremos. En ocasiones se menciona también a la madre y eso hace pensar a muchos que una de las grandes luchas de los padres es hacer a sus hijos sabios.

Y justamente en ese tono es como está escrito nuestro proverbio de esta ocasión. Un padre deseando que su hijo se llene de sabiduría para tener alegría y también para poder hacer frente a sus adversarios. La sabiduría, entonces, produce grandes beneficios a quienes la buscan en este mundo.

Se trata de una de sus grandes bondades: beneficia a quienes se allegan a ella, a quienes la busca desde temprano.

La instrucción de vivir sabiamente
A. Para alegrar a nuestros padres
B. Para defender a nuestros padres

El siglo XXI ha sorprendido a todos por los increíbles avances tecnológicos en todos los órdenes. Distancias acortadas de manera inimaginable para nuestros antepasados, desarrollo de técnicas en la medicina, la educación, la ingeniería y muchas otras actividades humanas nos hacen pensar que hemos llegado a un punto de inflexión impensable.

Pero a la par de esta nueva realidad subyace regresiones en la conducta del ser humano porque a pesar de estos innegables e impactantes avances del progreso de los seres humanos hay conductas que parecen más bien primitivas como el fanatismo, la discriminación y la violencia sin fin.

La sabiduría de la que habla Proverbios parece tan ausente que no podemos asegurar que el avance tecnológico del mundo vaya a la par con el desarrollo personal de cada hombre y cada mujer, con lo que nos queda claro que aun es necesaria la sabiduría de la que habla el libro de los Proverbios.

A. Para alegrar a nuestros padres

Una de las relaciones más complejas que encontramos en esta vida es la que tenemos con nuestros progenitores. Definitivamente de esa relación dependerá grandemente cómo nos vaya en esta vida. Los padres desean con todo su ser que los hijos sean sabios para poder enfrentar los grandes retos que trae consigo vivir en este mundo.

Los hijos solo producen en los padres dos clases de sentimientos: alegría o tristeza. Un hijo imprudente, insensato o necio va a traer a los progenitores únicamente tristeza y dolor porque generalmente su conducta dejara mucho que desear ya que vivirá de acuerdo a sus equivocados estándares a espaldas de las instrucciones de sus padres.

En cambio un hijo sabio sabrá, en primer lugar, honrar a sus padres y su estilo de vida se ajustara a lo que su papá y su mamá le enseñaron. Una vida así indudablemente traerá regocijo porque vivirá sorteando los males de este mundo con los referentes aprendidos con los padres y la palabra de Dios.

Cuando Salomón escribe: “Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón”, está plasmando una de las verdades más relevantes en cuanto a la relación que se espera de un hijo hacia sus padres: respeto, sujeción y obediencia. Luego cuando se abandona el hogar una conducta ejemplar mostrando lo que se aprendió en casa.

La ingratitud, la falta de respeto y el olvido hacia nuestros padres nada bueno nos ha de traer. Las lágrimas de ellos por un estilo de vida desenfrenado o de espaldas a los valores que les fueron inculcados serán el reflejo de su tristeza.

B. Para defender a nuestros padres

Un hijo sabio es garantía de unos padres respaldados durante su vida adulta y también su vejez. Salomón dice así en la segunda parte del proverbio que hoy meditamos: “y tendré qué responder al que me agravie.”

Un hijo es garantía de ayuda a los padres cuando éstos ya no pueden defenderse. Mientras somos niños y jóvenes gozamos del cuidado y protección de nuestros padres, lo que nos da seguridad y una sensación de respaldo y apoyo, pero conforme crecemos nuestros padres van perdiendo fuerza y es allí donde necesitan nuestro apoyo.

Los hijos entran, entonces, en acción, pero no todos los hijos. Solo los hijos sabios son quienes pueden llevar a cabo este tipo de acciones.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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