La Biblia dice en Proverbios 26:22-23

Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas. 23 Como escoria de plata echada sobre el tiesto son los labios lisonjeros y el corazón malo.

Introducción

Después de hablar de la pereza, la insensatez de meterse en pleitos ajenos y los traidores, Salomón aborda otro aspecto del uso de las palabras que los seres humanos hacemos con la capacidad que nos dio al poner labios y lengua para comunicarnos hacernos entender unos a otros.

Si los chismosos y los rencillosos son peligrosos, los chismes y las lisonjas son una manera de dañarnos si las escuchamos o dañar si las practicamos y Salomón nos va a ilustrar ahora sobre los grandes males que conlleva no hacer un uso escrupuloso de lo que decimos y nos alerta para evitar las palabras malintencionadas.

Ser sujetos activos de los chismes y las lisonjas es igual de peligroso que ser sujetos pasivos. Con chismes y las lisonjas podemos hacer daño y con esos dos usos de las palabras en nuestra vida nos pueden hacer igual mucho daño y Salomón nos alerta para que la evitemos en ambos sentidos.

El rey sabio de Israel nos lleva de esa manera a entender que nuestras palabras se deben usar con mucho cuidado. Debemos ser conscientes de que lo que decimos va a causar un efecto en quienes nos oyen y si no tenemos cuidado de cómo nos expresamos podemos caer fácilmente en estos dos males.

La intención del monarca hebreo es llamar nuestra atención para moderarnos al hablar, saber que lo que decimos tiene efectos que van más allá de solo pronunciar palabras o ideas y que debemos tener claro que las lisonjas o adulación o reconocimiento desmedido a una persona al igual que las calumnias, los rumores o los chismes.

Las palabras que pronunciamos revelan grandemente lo que hay en nuestros corazones. Es una verdad que Cristo enseñó durante su ministerio señalando que: De la abundancia del corazón habla la boca. Y dejando así una clara manifestación de que somos lo que hablamos y es inevitable sacar lo que tenemos en nuestro corazón.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de cerrar los oídos a voces malintencionadas
A. Porque los chismes nos dejan huellas
B. Porque las lisonjas son un desperdicio

A. Porque los chismes nos dejan huellas

El verso veintidós del pasaje que estamos meditando dice de la siguiente forma:

Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.

Algunas versiones usan la palabra golosinas en lugar de la frase bocados suaves para hacernos ver que los chismes se disfrutan, se paladean o en otras palabras se degustan porque despiertan en las personas una algarabía o regocijo insano que los hace pensar que no hacen ningún daño cuando lo practican.

Pero en realidad al final lo que no se dan cuenta es que lo que dijeron o hablaron de otras personas sea verdad o sea mentira queda impregnado en el interior o la mente de quienes lo oyeron. No se olvidan fácilmente algunas palabras y una de ellas son las que dijo un chismoso.

Un chisme tiene, entonces, una doble presentación: por un parte se regodean quienes lo dicen, lo hacen ver como algo sumamente deleitoso, pero por otro lado genera una marca a veces indeleble en quien lo oye de tal manera que determina para siempre lo que oye dañando para siempre una relación que tal vez pudo tener un mejor destino.

Salomón observó la conducta humana y se dio cuenta que entre los seres humanos de todos los tiempos es muy común encontrar personas que se dedican a esparcir rumores o murmuración sobre tal o cual persona y muchas veces lo logran con creces sin saber o medir el daño que están provocando.

Vivimos tiempos en los que mucha gente es malintencionada y los chismes son una práctica común en esta clase de personas que no se acongojan a la hora de esparcirlos porque les encanta hacerlo. Pensar que un chismoso se siente mal cuando habla de otros es ingenuo. De ningún modo, él disfruta lo que hace.

B. Porque las lisonjas son un desperdicio

El verso veintitrés dice de la siguiente forma:

Como escoria de plata echada sobre el tiesto son los labios lisonjeros y el corazón malo.

La lisonja tiene diversos sinónimos: zalamería, adulación, labios melosos y alabanza desmedida hacia una persona. Hay personas expertas en adular a quienes consideran que les pueden hacer un favor o les pueden prestar una ayuda o un beneficio y es notorio que tienen una intención oculta aunque ellos piensen que nadie se da cuenta.

Salomón compara al adulador como escoria de plata echada sobre el tiesto. Algunas versiones traducen esta frase de la siguiente forma: como baños de plata sobre ollas de barro y barniz aplicado a una olla de barro.

Me gusta como traducen este texto las versiones Torres Amat que dice: son como la plata muy tomada con que quisieras adornar una vasija y la versión Nácar Colunga que señala: Baño de plata sobre vasija de barro es la palabra lisonjera para el corazón del malvado.

Queda claro que el sentido del verso es que la lisonja o adulación es mala en sí misma, pero dirigida a un malvado resulta un pésimo adorno, semejante a usar una plata muy gastada o su escoria para adornar un tiesto.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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