La Biblia dice en Proverbios 27: 12

El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y llevan el daño.

Introducción

Este proverbio es una sentencia de contraste. Tiene como finalidad mostrar las grandes diferencias que existen entre dos clases de personas: el avisado y los simples. La mayoría de las versiones opta por traducir como prudentes a los primeros e imprudentes a los segundos.

De hecho esa es una de las grandes razones por las que se escribió y recopiló el libro de los Proverbios entre los judíos: los padres e hijos y en general todo el pueblo de Israel debía conocer perfectamente que en este mundo se van a encontrar gente prudente y gente imprudente.

La prudencia es una virtud que se cultiva. No se nace con ella. Se va desarrollando a lo largo de la vida de cada persona con enseñanzas de personas mayores, escuchando y atendiendo la voz de los padres y con las experiencia de vida tanto de uno mismo como de otras personas que conocemos en este mundo.

Para muchos la prudencia, además de una virtud, es un arte porque implica una meticulosa reflexión sobre lo que se hace, se dice, se comparte y se externa. El prudente piensa lo que va a hacer, medita lo que piensa decir y calibra sus acciones, mientras que el imprudente hace las cosas para luego pensar si hizo bien o hizo mal.

La prudencia merece toda una serie de estudios basados en el libro de Proverbios porque desde su inicio este volumen de sabiduría de la Biblia tiene como objetivo central enseñarle a la personas a conducir sus vidas bajo estos estándares de cuidado y mucha atención a lo que dice y hace.

Vivimos tiempos de mucho emocionalismo, vivimos en sociedades donde los sentidos dominan todo y se deja muy poco a la razón, a la reflexión, a pensar sobre lo que somos y hacemos. Vivimos vertiginosamente y tan velozmente que a veces pensar parece algo sin sentido.

Salomón estaba convencido de la necesidad de siempre detenernos para pensar lo que hacemos. No está bien pasar de largo, siempre hay que detenerse para no caer.
El verso que meditaremos se presenta tal cual en Proverbios 22: 3. Parece que había mucho interés en que las personas dejaran su vida carente de cordura y se enfocaran un poco más en meditar sobre su conducta para apartarse de la vida donde se hacen y dicen las cosas sin pensar.

Este proverbio se puede fraccionar en dos y las dos oraciones que tiene pueden subsistir por sí mismas. Pero al contrastarlas por medio de la conjunción adversativa “mas” resalta las dos ideas.

La instrucción de cultivar la prudencia
A. Para protegernos del mal
B. Para evitar daños

A. Para protegernos del mal

La primera oración de este proverbio dice así: “El avisado ve el mal y se esconde”. La palabra mal que usa Salomón algunas versiones la traducen como “peligro” y algunos otros como “desgracia”. La palabra que usa el proverbista para la palabra “mal” procede del vocablo hebreo “ra’”.

Y esa palabra tiene muchos usos todo el Antiguo Testamento, todos ellos con un sentido de algo no bueno. Desde una persona malvada o mala, hasta el mal que se introdujo en este mundo con el pecado de Adán. Pero también se utiliza para expresar alguna calamidad, peligro, infelicidad, miseria, desgracia.

El término es usado para referirse, entonces, en todo aquello que es muy desagradable y que nadie desea para su vida porque provoca malestar, tristeza e incluso mucho dolor en el alma. Son aquellas circunstancias y situaciones que llegan a la vida y que se pueden ver o conocer.

Por la frase que usa Salomón se trata de aquellas situaciones que se aprecian y que con atención se pueden evitar. Pero para ello se requiere que la persona sea avisado y se esconda. No basta con saber que tal

B. Para evitar daños

La segunda parte del verso que estamos estudiando dice: “mas los simples pasan y llevan el daño.”

Los simples son lo opuesto a los avisados. Son esa clase de personas imprudentes, insensatas y necias incapaces de escuchar un consejo o sencillamente imposibilitados para atender una sugerencia que les puede evitar muchos males en su vida porque piensan que ellos son lo suficientemente solventes para resolver todos sus problemas.

Un imprudente no mide los daños que puede recibir con una acción o unas palabras que diga. Se trata de un hombre o una mujer que carecen de la capacidad de medir el tamaño de las consecuencias a las que han de atenerse cuando deciden tomar decisiones sin pensar o reflexionar.
Salomón lo dice claramente: un simple, una persona tonta, que no piensa o no observa detenidamente lo que ocurre a su alrededor recibirá un daño como resultado de su incapacidad de pensar.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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