La Biblia dice en Proverbios 26:7

Las piernas del cojo penden inútiles; así es el proverbio en la boca del necio.

Introducción

Por más experiencia que acumulemos y por más conocimiento que alcancemos siempre vamos a necesitar un consejo en cualquier momento de nuestra vida. Solo el orgullo y la arrogancia nos hará evitar pedirlo porque en alguna ocasión tendremos que enfrentarnos a una situación inesperada que requiere más allá de nuestra propia sabiduría.

Es un hecho que por más sabia o sabio que sea una persona nunca alcanzará a dominar todo el conocimiento que hay en este mundo y también por más años que viva, siempre requerirá la orientación sobre determinados temas o asuntos para tomar la mejor decisión que afecte lo menos posible su vida o haga más provechosa su determinación.

El libro de los Proverbios está construido justamente para tener una serie de elementos a la hora de que a nuestra vida lleguen problemas, dificultades o dilemas ante los cuales tengamos que tomar una decisión que sea crucial para nuestra vida y de cuyo resultado dependa sustancialmente el tipo de vida que tendremos en este mundo.

Es un hecho que todos en algún momento tendremos o viviremos una circunstancia para la que no tengamos ni las respuestas, ni los elementos suficientes para decidir qué hacer y entonces requeriremos consultar a la palabra de Dios que siempre nos puede orientar sin temor de fallar o errar a la hora de implementar su consejo.

Sin embargo, Salomón nos previene de un gravísimo error que podemos cometer todos si a la hora de necesitar de una orientación, dirección o rumbo ante una situación inédita en nuestras vidas, recurramos a un necio para decidir que determinación tomar o para saber si está bien lo que pensamos hacer.

La advertencia de Salomón es muy importante porque una persona necia, que como hemos visto en otros estudios es insensata, tonta, imprudente es incapaz ya no solo de recibir un consejo, sino que absolutamente digno de confianza para recibir de él una sugerencia en cualquier clase de problema que se tenga.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de desechar el consejo de un necio
A. Porque no recibe ninguna clase de consejo
B. Porque no puede dar ninguna clase de consejo

La palabra proverbio que usa Salomón en este verso procede del vocablo hebreo “mishlei” tal como se llama el libro de Proverbio en ese idioma. La palabra se traduce en el Antiguo Testamento como discurso, parábola, sentencia. Literalmente quiere decir “ser como “ o “representar”.

Los proverbios son, en ese sentido, dichos, refranes, sentencias, que tienen como finalidad gobernar la vida de las personas para dirigirlos hacia el ideal que Dios espera de las personas a las que ha dotado de inteligencia. Se trata de lo que debe ser una persona que se precie de inteligencia y sentido común.

El libro de Proverbios está construido desde esa verdad. Desde su introducción los recopiladores de los dichos de los sabios de Israel, como el propio Salomón, que confeccionó miles de proverbios, muchos de los cuales no fueron recogidos en el volumen que lleva ese nombre en la Biblia, buscan ayudar a los seres humanos a adquirir inteligencia y sabiduría.

El necio es una clase de persona que no puede recibirlos y ni darlos porque los detesta, porque a pesar de ser imprudente no le molesta que sea considerado necio y en ocasiones hasta disfruta esa perniciosa conducta.

A. Porque no recibe ninguna clase de consejo

La comparación que usa Salomón para referirse a la incapacidad de atender un consejo lo establece con una figura poética extremadamente clara: es como una persona coja cuyas piernas pende inútiles ante su propia persona. Para el necio un proverbio es simplemente algo inaceptable porque sencillamente no lo va a atender.

El proverbio, dicho, sentencia o refrán contiene sabiduría milenaria en el pueblo de Israel y por esa razón es sumamente o son sumamente útiles para moldear la vida de las personas, pero en el caso del necio o imprudente lo rechaza o no le hace caso porque lo hace ver como lo que es, un insensato.

El proverbio está negado para el necio. La sabiduría que mana de allí le repele porque a él no se le va a decir como tiene que vivir, él vive de acuerdo a sus propios parámetros. Su estilo de vida se rige en función de sus placeres y por esa razón no puede atender lo que se le diga a través de un consejo sabio.

El libro de los Proverbios parte justamente de esta verdad: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Es decir ellos no quieren ser instruidos, son ignorante por gusto propio y no se refiere a la clase de formación escolar, sino a la de la vida, a la que enseña la experiencia de otros.
Cuando una persona decide vivir sin atender lo que otros han vivido o lo que otros han padecido, su vida padecerá grandes males, pero será por su propia decisión, será porque así lo ha decidido, pero en el caso del necio, desecha la enseñanza de otros y su situación es doblemente dolorosa.

B. Porque no puede dar ninguna clase de consejo

Una persona de esta clase o de este tipo no puede dar ninguna clase de consejo. El proverbio que hoy meditamos tiene precisamente esta doble finalidad. Decirnos en primer lugar que un necio no recibe ninguna clase de consejo, instrucción o enseñanza que nace de los proverbios hebreos.

Cómo, entonces, podrá dar una sugerencia a otra persona. Claro que lo puede hacer, pero la interrogante que surge es cómo es posible que alguien atienda a esta clase de persona, si es incapaz de hacer algo por sí mismo, cómo podrá hacer algo por otro, sencillamente es inadmisible un consejo suyo.

La segunda parte del proverbio dice que “así es el proverbio en la boca del necio.” Lo que diga un insensato es de una inutilidad total, absoluta. Lo que él diga, indique, sugiera o pregone no puede ni debe ser atendido porque no tiene ninguna fuerza al ser incapaz de escuchar y poner por obra una enseñanza.

Me gusta como traduce el verso que hoy meditamos la versión Palabra de Dios para Todos porque lo presenta así: Un bruto tratando de decir algo sabio es como un tullido tratando de caminar.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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