La Biblia dice en Proverbios 26: 11

Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad.

Introducción

Este verso es citado por el apóstol Pedro quien aprendió perfectamente de su error. Aunque él lo emplea para referirse a los falsos maestros, él es uno de esos grandes ejemplos de cómo uno debe levanterse de la insensatez y la necedad y no volver allí nunca más en la vida ya que sería muy costoso reincidir en la equivocación.

Pedro le agrega una frase más a su texto: Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. 2 Pedro 2: 22.

La idea es la misma solo que enfatizada y con un subrayado para que quede claro el tamaño de la falla cuando una persona recae y se obstina con un error a sabiendas que está equivocado o que está volviendo a algo que ha probado fehacientemente su calidad de insensatez o locura.

El necio es repugnante, nauseabundo y asqueroso. Eso nos quiere decir Salomón al usar una figura retórica extremadamente ilustrativa: un perro que vuelve a su vómito. La ilustración es clarísima para no dejar ninguna clase de duda de la condición de un insensato, tonto o imprudente.

Salomón quiere dejar bien en claro que es lo que pasa cuando una persona vuelve a todo aquello que dejó o abandonó porque le hacía daño o porque le traía consecuencias negativas a fin de que sus lectores sepan de antemano lo que sucede cuando alguien reincide o recae por ejemplo en el alcoholismo o drogadicción.

Pero no solo se trata de centrar nuestra atención en esta clase de equivocaciones, sino ampliar nuestro espectro para colocar todas aquellas actitudes equivocadas, hábitos dañinos, conductas fuera de los estádares que se requiren para nuestra vida y sobre todo en los yerros que nos alejan de nuestros propósitos de vida.

Estamos frente a una de las más grandes advertencias que la palabra de Dios nos hace para no repetir bajo ninguna circunstancia todos aquellos errores y equivocaciones que van en contra de la voluntad de Dios y que nos convierten en seres despreciables que exhibimos nuestra necedad.

Salomón nos muestra lo repugnante que se puede convertir una persona que deja los errores que son evidentes ante los ojos de todos y vuelve a ellos sin considerar que está dañando no solo su vida, sino aun su reputación porque se vuelve un ser repulsivo al que nadie quiere tener cerca.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de evitar la necedad repugnante
A. Para no causar desprecio
B. Para no reincidir en la estupidez

Ver a un perro retornar a su vómito es sumamente insoportable para muchas personas. La mayoría optamos por desviar la mirada hacía algo distinto porque es sumamente repulsivo atestiguar una escena de esa naturaleza. Consciente de ese sentimiento que nos ataca a todos frente a un canino haciendo eso, Salomón ocupa la ilustración para enseñarnos.

La enseñanza es clara, diáfana, precisa. Un hombre que repite una y otra vez sus mismos errores es repulsivo. Y esa es la estampa más acabada de un necio. Estamos ante una figura retórica que no merecería más explicación porque nos muestra fehacientemente la clase de persona que es alguien que parece un perro, metafóricamente hablando.

A. Para no causar desprecio

Salomón nos instruye muy elocuentemente justamente para evitar, de asumir la actitud de un necio como del que nos habla en este verso, que la gente nos mire con desprecio por conducirnos sin aprender lo que vivimos, sin tomar con pedagogía los males que nos vienen por tener una actitud insensata ante los males que hay a nuestro alrededor.

El rey sabio de Israel tiene en mente ponernos frente a lo repugnante de un perro para tomar conciencia del grado de necedad, estupidez y locura al que puede llegar una persona que es incapaz de evitar repetir una y otra vez los mismos errores que ha cometido o han cometido otros.

Un ejemplo de esta clase de seres lo encontramos en Lamec, el descendiente de Caín.

En Génesis 4: 23-24

Un día, Lámec les dijo a sus esposas Adá y Silá: Escuchen bien lo que les digo: he matado a un hombre por herirme, a un muchacho por golpearme. Si a Caín lo vengarán siete veces, a mí tendrán que vengarme setenta y siete veces.

Lamec fue el tataranieto de Caín y conocía perfectamente el perfil homicida de su tatarabuelo. Fue un hombre arrogante y pegado de sí mismo. Aún en vida de Adán y Eva, él tomó dos mujeres contra toda disposición divina y fue como su ascendiente un asesinó, pero además jactandose de sus malas obras.

El matrimonio que instituyó Dios fue entre un hombre y una mujer, pero Lamec se casó con Adá y Silá. Dios castigó severamente a Caín por matar a un hombre y lo marcó para que no lo matarán, Lamec esperaba que al quitarle la vida a dos personas, él no tendría una venganza de siete años, sino de setenta veces siete, una cifra que se traduce como siempre.

Lamec es el mejor exponente y representante de la altivez humana ante la maldad. Saben que hacen mal y en lugar de enmendar se sienten ufanos y convencidos de que Dios sabe lo que hacen y aún a pesar de ello desafían a Dios, retan su poder, se burlan de su grandeza, pensando que nunca podrá contra ellos.

Lamec fue un ser despreciable porque en lugar de evitar a toda costa no repetir los errores de los demás se regodeó en vivirlos por cuenta propia.

B. Para no reincidir en la estupidez

La traduccion de la palabra necedad algunas versiones la vierten como estupidez. Algunos como sandez y otros como locura para mostrar el nivel de yerro que produce una persona necia cuando repite su insenstez. De hecho algunas versiones para la palabra repetir utilizan vocablos como insistir, vuelve, reincide y hasta obstinado.

En la Biblia encontramos varios ejemplos de esta clase de obstinación a lo absurdo e insensato. Aquí algunos de ellos.

Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta. Génesis 19: 9.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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